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LA BUENA NOTICIA Resucitemos la esperanza
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Por:
Víctor M. Ruano
La esperanza es lo último que se pierde, solemos decir, frente a las situaciones de la vida que nos afligen. Este parece ser el sentimiento predominante en la mayoría de hombres y mujeres de nuestro tiempo, ante las diversas realidades que golpea la conciencia humana hoy.
Parece muerta la esperanza ante el acto de piratería internacional que Bush y sus halcones de la muerte cometieron al atacar con la más formidable maquinaria de matar que recuerde la historia, a un pueblo indefenso y extenuado por el régimen de Sadam. Parece muerta la esperanza de los guatemaltecos frente a un sucederse de gobiernos corruptos e ineptos, a quienes no interesa la realidad de un pueblo pobre y sufrido.
Parece muerta la esperanza cuando asesinan profetas, como Gerardi y Romero, y nadie ocupa su lugar; cuando los pastores asumen actitudes autoritarias y prepotentes, al estilo de un Bush y Sadam, mientras la grey cae presa de las más variadas y baratas propuestas religiosas que constituyen un engaño y una frustración más.
Parece muerta la esperanza cuando vemos al estadounidense que sufre ataques terroristas, al palestino que se le reprime y mata simplemente por aspirar a formar una nación, al judío que se discrimina, al árabe cuando se le masacra, al latino que se le excluye, al campesino e indígena que se desprecia.
Por causa de esas realidades caminamos tristes y cabizbajos como los discípulos de Emaús o como María Magdalena, después de la muerte de Jesús en la cruz, o la cobardía nos amilana como Pilato sacrificando la verdad por miedo a las fuerzas perversas que se ensañan contra el inocente.
El mensaje más importante que brota de la tumba vacía, (Juan, 20, 1-9) en este día de Pascua, después de los dramáticos hechos del Viernes Santo es, una esperanza activa, que nos viene de Dios, como anuncio de un nuevo modo de vivir capaz de vencer la cobardía generada por la injusticia y la violencia, y el miedo que provoca la muerte y el pecado. Es una esperanza inspirada en el Resucitado.
Jesús es nuestra esperanza. Cristo suscita en nosotros, por medio de su espíritu, la esperanza que no defrauda, es decir, la esperanza de poder vencer las dificultades y afrontar los desafíos. Así, los sentimientos de frustración y tristeza que hoy invaden al guatemalteco y a cualquier ciudadano del mundo, a causa de los graves problemas que enfrenta, tendrán un sólido contrapeso en la firme esperanza que nos viene de la Resurrección.
Desde el dinamismo de Cristo muerto y resucitado surge un firme compromiso de luchar contra la injusticia y a favor de la paz, de luchar contra la exclusión y a favor de una participación digna y activa de toda persona, porque en Jesús, dice la Iglesia, lucharon vida y muerte en singular batalla y, muerto el que es la vida, triunfante se levanta.
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