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Horrores idiomáticos y algo más: ¡Vieja bruja!
El adjetivo puede anteponerse o posponerse al sustantivo
Por:
María del Rosario Molina
La función de los adjetivos en la oración es modificar, o calificar, a los sustantivos, amén de que a veces se sustantivan o se adverbializan.
En nuestro idioma, tan libre en cuanto al orden de las estructuras oracionales, el adjetivo puede anteponerse o posponerse al sustantivo, v.gr.: El níveo corcel alado, el alado corcel níveo, el corcel níveo y alado, el níveo y alado corcel.
Desde luego tales términos son propios de un texto literario, porque sería muy cursi en la vida real decirle al caballerizo: “Lleva a abrevar al níveo corcel”.
En tal caso lo adecuado sería: “Lleve al caballo blanco a beber agua”. La colocación anterior o posterior del adjetivo respecto del sustantivo no suele alterar el significado, aunque a veces sí.
No es lo mismo decir: “He escuchado cierta noticia”, que “he escuchado una noticia cierta”. En el primer caso no consta la veracidad de una noticia indeterminada. En el segundo se asevera que la noticia es veraz.
Tampoco es lo mismo “Juan es un gran hombre”, lo que indica grandeza intelectual, moral, etc., que “Juan es un hombre grande”, que da idea de corpulencia, mucha altura física, etc.
Pues bien, todo esto viene al caso por el insulto que recibí el otro día cuando un jumento que manejaba un automóvil rojo me cerró en un redondel y soné repetidas veces el claxon (aquí, la bocina) para que no me obligara a subirme a la acera, so pena de que de no hacerlo dejara mi auto reducido a chatarra.
Furioso, porque lo asusté, me gritó: “Hacé sho, vieja p...”. Para no usar la palabrota en mi siguiente explicación la cambiaré por un sinónimo menos grosero: hetera.
Al analizar la oración “Hacé sho, vieja hetera”, vemos que vieja hetera es un vocativo y que hetera es el sustantivo y vieja el adjetivo que lo modifica, vos es el sujeto tácito, hacé el núcleo del predicado (imperativo del voseo en singular) y el vulgar localismo sho (silencio, a callar) el objeto directo.
Sin embargo, en este caso, más bien parece que es hetera el término que modifica a vieja.
Fue sin duda la intención del insultante jumento tratarme de vieja, porque las viejas, las no tan viejas y también las jóvenes, somos según los “macho-men”, idiotas que no sabemos manejar ninguna clase de vehículos.
Igualmente me pudo haber gritado “vieja cabra-grande” o “vieja imbécil”. Si el dicho tipejo malcriado hubiera creído que soy de la vida alegre, a estas alturas, me habría espetado un: “hetera vieja”, con el adjetivo pospuesto, para cambiar la connotación.
Otro tanto sucede cuando refiriéndonos a una de esas mujeres que por todo rezongan y todo lo critican la llamamos “vieja bruja”, que igual podría ser “vieja insoportable”, “vieja antipática”, etc.
Si en cambio hablamos de una bruja de edad avanzada, de esas que recetan mejunjes y pociones para que el ser amado enloquezca por nosotros o parezcamos, sin pasar por el quirófano, veinte años más jóvenes, le decimos “bruja vieja”.
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