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CONTRASTES El gran perdedor
¿Firmamos todos un pacto de educada, culta, e ilustrada gobernabilidad?
Por:
Conrado Alonso
Por fin encontró espacio, en el ámbito de la vida política nacional, el primer debate entre candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República.
Quizás también el único y, en vista de lo visto, ni falta que hace otra tanda de lo mismo. Nada nuevo hubo bajo el sol, aunque brilló una deprimente constelación de estrellas.
Como bien sabe el lector –convertido en espectador televidente–, fracasaron el debate y el bateo con golpes a las pelotas.
No me refiero a las propias de los expositores, que para mí son intocables, como deberían serlo para todo ciudadano, sino a las empelotadas preguntas que desnuda la problemática nacional.
Siguió un juego insulso, arbitrado por cinco moderadores de prestigio que ni moderar pudieron los aplausos del ¿respetable? público asistente al acto. Sus preguntas fueron directas y concisas.
Lo que no entiendo es porqué no llamaban al orden lógico racional en las respuestas de los dos candidatos presidenciables. Me explico.
Si a usted le preguntan qué es una mesa, debe responder, primero, que es un mueble, su esencia, y después indicar de qué materiales puede estar fabricada, de qué partes se compone y para qué puede servir.
Decir, en cambio, que una mesa es una cosa que sirve para comer es no decir nada esencial.
Por eso, lo más lógico es, que si a un candidato le preguntan qué acciones inmediatas aplicará su gobierno para combatir, por ejemplo, la corrupción, enumere las medidas concretas a implementar.
No le da paso a insistir en que la corrupción es algo horrible,detestable y aniquilable. Sí, de acuerdo. Pero ¿y las acciones?
Así de mortecinas quedaron varias de las respuestas, sobre todo, de los dos candidatos a la Presidencia.
Y eso que don Oscar brilló cuando se plantó, sonriente y ufano, frente al toril y se adornó con dos faroles que me hicieron pensar si no estaría pensando, él, que se encontraba sobre la tarima de un mitin popular.
De todos modos, debemos quedar agradecidos al empeño de los patrocinadores del debate, aunque no fuera tal, a la puntualidad de los cuatro convocados, y a la asistencia de los cinco moderadores.
No así a la nutrida resistencia que parte del público asistente dejó evidenciar en un acto protocolario. Esta fue un desastre.
Rebajarse al insulto personalizado, aplaudir a uno para fastidiar al otro, gritar por gritar, desdice lo cívico del acto. Fue, sin duda alguna, el conglomerado gritón el gran perdedor.
Si yo fuera candidato, que no lo soy ni lo seré, le preguntaría al gritón: ¿firmamos todos un pacto de educada, culta, e ilustrada gobernabilidad?
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