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En esta esquina: ¡Qué famita!
Por:
Gabriela Barrios
Cada vez que leo a Mauricio Caballeros diciendo: “yo tengo la conciencia tranquila”, me convenzo más de que el pobre Pinocho va a tener que cederle su cuento. El único problema es que ni siquiera un bolillo de 100 metros sería suficiente para ponerle como nariz. ¡Qué manía tan terrible! Miente con una frialdad que asombra. Miente cuando quiere hacer ver las acusaciones como “un complot político”... ¿cuál?, ¿o es que acaso él sí tiene intereses políticos?
Honestamente, creo que no es tan importante como para merecer que alguien le organice un complot. Talvez es que por andar rodeado de guardaespaldas se le ha desatado el delirio de persecución.
Más bien, lo que hay es mala fama. Hoy por hoy sobra quien le cuente a uno acerca de su trayectoria: desde los ex compañeros en el Adolfo V. Hall, hasta ex empleados de la federación que, como en las películas, se fueron llevándose papelitos importantes, que bastante dicen del desorden que ha caracterizado su gestión.
Da mucha pena que no le baste con hacer pedazos su nombre, sino que con él arrastre a gente honorable y digna, que creyó en un proyecto y que hoy está en un laberinto. El error de ellos ha sido no renunciar a tiempo, no saltar antes del barco.
Pero lo más terrible es que ha puesto por los suelos el prestigio del fútbol y por más que haga, eso ya no tiene remedio. Mauricio Caballeros podrá mandar a traer facturas al Congo para justificar los reparos de la Contraloría, podrá hincarse ante la Fiscal para que lo excuse, y quizás alguna estrategia le funcione.
Lo que ya no tiene remedio es su credibilidad. Nadie sensato va a fiarle ni un quetzal a la administración de Mauricio Caballeros. Como si no hubiera sido ya suficiente la famita que tenían.
Si de verdad quiere tanto al fútbol como dice, que se vaya y le deje el camino libre a alguien que sí tenga credibilidad, porque aunque se la pase jurando que tiene la conciencia tranquila, ya nadie le cree.
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