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EDITORIAL Los protagonistas principales del 54
Al analizar la Liberación tampoco se debe olvidar en un análisis político a las personalidades de dos de los protagonistas principales, es decir, de los coroneles Jacobo Árbenz Guzmán y Carlos Castillo Armas, lo cual no implica que sean los únicos personajes importantes, pero sí los más destacados.
Árbenz y Castillo Armas tienen varias similitudes. Ambos nacieron en provincia: el primero en Quetzaltenango, de familia de clase media, y el segundo, en Escuintla, de familia modesta. Respecto de sus esposas, Odilia Palomo de Castillo era maestra, y María Villanova de Árbenz provenía de una acaudalada familia salvadoreña, gran lectora y con influencia en su esposo.
Castillo Armas era hombre muy serio, perfeccionista, obsesionado por el trabajo. Árbenz era, a su vez austero, pensativo, misántropo, disciplinado.
Ninguno fue tan bueno ni tan malo como lo señalan sus defensores y detractores. Pero es un hecho que el liberacionista continuó una de las bases de su régimen, la carretera al Atlántico, utilizada como uno de los pretextos para justificar la caída de Árbenz. Pero también se parecen en que a ambos les falló su gente. El Ejército, con algunas muy pocas excepciones, no respondió en 1954. Y en el centro mismo del liberacionismo se gestó el asesinato de Castillo Armas, ocurrido en la propia Casa Presidencial.
Castillo Armas consiguió, por su amistad con el entonces presidente estadounidense Eisenhower, también militar, que repusieran al Estado la tierra que Árbenz había confiscado de la frutera: 800 caballerías. Ike presionó a Dulles, y así se crearon 1,800 parcelas de 34 manzanas cada una, y 1,200 parcelas, de 22 manzanas. Era una forma de reforma al estilo de los granjeros estadounidenses en algunas de las mejores tierras del país.
Otro tema importante: a ninguno de los dos se les puede acusar de corrupción, lo mismo que al doctor Juan José Arévalo, quien sobrevivió modestamente hasta el fin de sus días, cuatro décadas después.
Fueron políticos dignos, que no utilizaron su paso por el poder como una fuente de enriquecimiento personal ni para sus familias o amigos, característica de los regímenes posteriores.
Con estos artículos, Prensa Libre no desea indicar que lo expresado sea lo único que se puede decir del hecho político de la Liberación. No cabe duda de que la historia nacional hubiera sido distinta si la invasión financiada por Estados Unidos no hubiera ocurrido.
Los errores de los gobiernos posteriores, el descuido de la sociedad guatemalteca por solucionar los problemas nacionales, la participación activa de la guerrilla y el desenfreno de la represión militar de los años posteriores, probablemente no habrían ocurrido. Pero ocurrieron. Ya no se puede cambiar eso.
A cincuenta años del 54, es necesario despertar el interés de los guatemaltecos por conocer o por comprender lo ocurrido. Porque quienes vivieron todo esto, ya murieron o tienen edad avanzada, y el país pasó por una etapa de siete lustros de conflicto armado y de ocho años desde la firma de los acuerdos de paz, hechos que se originaron en una época y un mundo distintos.
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