|
EDITORIAL Las tareas para conocer el pasado
El informe acerca de la verificación del estado de cumplimiento de las recomendaciones de la comisión para el esclarecimiento histórico, presentado ayer por Minugua, trae de nuevo al interés público uno de los temas más controversiales de la Guatemala de hoy, porque hablar al respecto significa abrir heridas o, al menos, dificultar su cicatrización.
Lo más importante es señalar que las víctimas del conflicto armado fueron todos los guatemaltecos: más de tres décadas de derramamiento de sangre afectaron en forma directa o indirecta a la totalidad de la población.
Esa es una de las explicaciones, aunque no la única ni la más importante, de la actitud de indiferencia o de olvido que se manifiesta en determinados sectores del país.
Señalar esto no significa en manera alguna aceptar, ni mucho menos apoyar, la poca voluntad política que el Estado guatemalteco ha demostrado para hacer las investigaciones que le permitan conocer en todo su horror lo sucedido.
En esa línea de pensamiento, es importante que tanto el gobierno como la URNG hayan pedido perdón.
Pero se debe conocer y castigar a los culpables de atrocidades cometidas por los dos bandos, para que honrar la memoria de las víctimas no se convierta en una fuente de más división.
Indudablemente hay avances, pero queda mucho por hacer, sobre todo en lo referente a las violaciones de derechos humanos cometidas por personal militar, así como encontrar más cementerios clandestinos, a fin de que no haya impunidad.
De los temas señalados por Minugua, tiene especial importancia el acceso a archivos de niños adoptados ilegalmente, separados de sus familias o desaparecidos, así como a información estatal confidencial, y la supervisión legal de los organismos de inteligencia.
Así se puede afianzar la base para que se realice la conciliación. Esto se facilita por la realidad de los grupos de edades de la población: casi el 30 por ciento de los guatemaltecos no había nacido cuando se firmaron los acuerdos de paz hace siete años, y un 53 por ciento tenía menos de 18 años.
Les tocó vivir una realidad nacional distinta, entre otras razones porque el mundo ya es otro.
Sin duda alguna es más fácil aceptar y comprender el pasado, y perdonar lo que se debe perdonar, cuando éste no es parte de la vida de quien se enfrenta a sus múltiples verdades.
Todos los esfuerzos canalizados para que se conozca la historia y se le entienda en su contexto nacional e internacional, son acciones positivas que deben ser realizadas a pesar de que abren heridas.
El drama humano alcanza a las familias de las víctimas y de los victimarios.
Como señala el informe, se trata de un proceso lento, complicado, y por ello los avances logrados tienen importancia y deben ser valuados.
El mayor reto de las autoridades no sólo es hacer propias las recomendaciones de los informes, sino lograr que la mayoría de los guatemaltecos se convenza de la importancia de hacerlo y exija que se conozca todo lo que ahora está oculto bajo la indiferencia y la falta de voluntad política.
|