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Guatemala, lunes 29 de noviembre de 2004

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Opinión

EDITORIAL
Sosa y la petición del presidente

Desde hace unos días se ha comentado en los corrillos políticos la incomodidad existente en los más altos círculos del actual gobierno porque el licenciado Lizardo Sosa continúe en la presidencia del Banco de Guatemala (Banguat).

Se hablaba del deseo del mandatario Óscar Berger de llevar a ese puesto a la licenciada María Antonieta de Bonilla, actual ministra de Finanzas Públicas. Todo ello quedó confirmado con las declaraciones de la semana pasada en Quetzaltenango, donde el gobernante señaló que “espera que deje por su propia voluntad el cargo”.

El asunto se presta a varias interpretaciones, porque despierta algunas sospechas la decisión de colocar a un funcionario afín a la línea de gobierno para sustituir a otro que llegó a ese puesto hace algunos años.

El Banguat, por ser una de las posiciones más importantes de la maquinaria económica estatal, debe estar en manos de alguien que no considere su tarea como la complementación de las decisiones de gobierno, que por ser partidistas no necesariamente serán adecuadas ni siempre convenientes desde el punto de vista del Estado.

Si el licenciado Sosa no ha cumplido correctamente con su deber, debe ser removido. Si ya no es del agrado del equipo gobernante, pero tampoco existen razones legales para hacerlo a un lado, el camino que queda es solicitarle la renuncia, pero en ese caso la peor manera de hacerlo es por medio de una declaración pública en un Gabinete Móvil. El cambio debe ser el resultado de conversaciones privadas directas o por medio de intermediarios de ambas partes.

La pregunta que surge de inmediato es qué sucederá si el licenciado Sosa decide no aceptar la petición pública hecha por el presidente Berger.

Son válidas cualesquiera de las dos decisiones posibles: quedarse en el puesto hasta que finalice su período, o admitir que trabajar en abierta oposición a los deseos presidenciales es convertir su tarea en algo muy difícil, además de darle al país una nueva e innecesaria fuente de problemas e incertidumbres en el volátil campo de la economía, tan afectada internamente por hechos como las invasiones a fincas, la inseguridad personal —por mencionar dos ejemplos— y por los factores internacionales, a los que Guatemala no puede cambiar.

Si se analiza la historia reciente del país, muchos de los problemas económicos se debieron, precisamente, a que entre las autoridades económicas y el Gobierno había una relación directa y a veces una sumisión total.

Es conveniente que haya una congruencia entre Ejecutivo y autoridades del Banguat, porque una abierta oposición trae también consecuencias negativas. Pero los cambios en el puesto ejercido ahora por el licenciado Sosa no pueden hacerse en forma sui géneris.

La atención se dirige ahora al licenciado Sosa, quien deberá decidir su futuro inmediato de acuerdo con dos posibles puntos de vista: el legal, sin importar los sentimientos personales; y el personal, entendido éste como la valoración de acciones que lo coloquen en situaciones molestas, como indudablemente ocurre con la solicitud presidencial.

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