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EDITORIAL Crespo, olvidado por la justicia
Si algo hemos aprendido los guatemaltecos tras el gobierno de Alfonso Portillo y las huestes eferregistas, es el valor de la verdadera institucionalidad y la tan ultrajada institucionalización de la corruptela y el servilismo político más abominable.
Por mil razones, los daños causados a la estructura institucional de la nación en ese cuatrienio permanecerán mucho tiempo, pues ha sido ese partido el responsable de la prostitución del sistema político y jurídico.
Por eso ahora se están cosechando los fracasos de la justicia ante el bandolerismo del FRG, todavía no completamente descubierto.
Siguen saliendo más y más acciones criminales contra el Estado cometidas por esa camarilla de políticos voraces e inescrupulosos, con el agravante de salir absueltos en todos y cada uno de los casos en que se ven involucrados.
Es obvia la deformación del sistema institucional a manos del eferregismo. Baste recordar las acciones de su alta dirigencia, personificada por Arístides Crespo, el hasta hace poco tiempo oscuro dirigente de base, venido a acaudalado y exitoso político.
Beneficiado por carreteras y obras de infraestructura misteriosamente ordenadas por el anterior régimen cerca de las propiedades del político, ha conseguido salir indemne de varias revisiones a su paso por la administración pública, en la cual tuvo acceso discrecional a casi Q1 millardo en Fonapaz.
Los reparos planteados a su administración han sido desestimados por la Contraloría de Cuentas, por fruto del trabajo de zapa y destrucción institucional del eferregismo.
Nadie podrá creer en la desaparición de cientos de millones de quetzales en la institución administrada por el ahora líder congresal del partido, sin la participación de éste.
En resumen: donde Crespo administró hubo cuentas obscuras respaldadas por papeles carentes de la legitimidad esperada en la administración pública.
Irónicamente, Crespo es hoy el adalid de la probidad y la transparencia. Nada ha hecho, nada ocurrió mientras él y su partido saqueaban la Nación. Todo fue espejismo, fatalidad o acaso treta para hundir a uno de los más conspicuos eferregistas. ¿Creíble? Es la versión más cínica de la corrupción institucionalizada.
Crespo parece ser una de esas piezas olvidadas por la justicia. Es inmune porque se las ingenió para no mancharse tan burdamente como sus copartidarios, mas no por ello puede quedar impune en lo político, donde debe ser sujeto a revisión en cada uno de sus actos.
Estar fuera del alcance del entelerido brazo de la justicia guatemalteca demuestra la podredumbre institucional. Pero pretender el olvido en el campo político de las picardías institucionalizadas es diferente, porque será en ese escenario donde se le deberá juzgar y castigar por el fondo de sus acciones, por encima de cómo las hizo.
La justicia no puede olvidar a este eferregista. Su recatado comportamiento no podrá ocultar el latrocinio ni la estafa a los intereses populares.
Su accionar debe ser analizado, dimensionado y castigado en las urnas, tal y como lo merece un truhán político de su calaña.
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