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Guatemala, martes 05 de julio de 2005

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Opinión

SIEMBRA
Guardia civil

“Cuando el peligro es extremo, es un deber sagrado el que todos indistintamente tomen parte en él”. Virgilio
Por: Carlos Zúñiga Fumagalli.

Los tiempos cambian y todo va cambiando por igual. Muchas veces los cambios son positivos, pero no siempre este es el caso.

El hecho es que siempre que algo se pone peor todos añoramos los tiempos de antes, cuando éramos patojos o incluso cuando nuestros abuelos eran patojos.

Sin embargo, para los chapines no ha sido siempre este el caso, especialmente cuando tratamos el tema de seguridad.

La verdad es que, por lo menos, las últimas tres generaciones hemos vivido bajo el acoso de la violencia.

Primero, la violencia desmedida y cruel sufrida por la población civil provocada por los terroristas subversivos que durante años explotaron bombas, balearon pueblos, secuestraron civiles, asesinaron, asaltaron, quemaron, violaron, en fin, todo menos paz y tranquilidad. Recuerdo cuando la ORPA celebró mi cumpleaños quemando hasta lo último del patrimonio familiar, producto del trabajo arduo y honrado de dos generaciones.

¡Qué cumpleaños aquel! Obviamente, el Estado tuvo que responder de igual forma para mantener el orden legal, creando así más de lo mismo, hasta vencerlos.

Luego la posguerra, en donde la violencia se escudó en bandas de secuestradores, robacarros, asaltantes y traficantes de drogas.

Últimamente, han surgido las tenebrosas bandas de mareros, una mezcla extraña entre delincuencia, sadismo y satanismo con una estructura muy organizada.

Las maras se han tornado en la mayor amenaza que ha tenido nuestra democracia, no sólo por su tamaño y organización, sino por su crecimiento geométrico.

Ante este verdadero ejército del crimen organizado, la URNG y sus bandas de delincuentes terroristas fueron realmente poca cosa.

Estamos, entonces, ahora ante una verdadera amenaza, no sólo a nuestras propias vidas, sino a la estructura social que hemos defendido.

Estos movimientos destruyen a la familia como núcleo e ignoran todos los principios morales y éticos que han caracterizado a nuestra cultura, independientemente del género u origen étnico.

Esta sí es una verdadera guerra de amplias dimensiones, el hecho de que no se esté dando en las montañas (todavía) no significa que sea poca cosa.

Es urgente reconvertir al ejército como una Guardia Civil que dé seguridad a toda la Nación, ya sea uniéndolo con la PNC o no.

El hecho es que estamos en guerra y no quieren asumir su papel, quizá por su actual estructura basada en su anterior batalla.

Sea como fuere, los Q1 mil millones que gastamos anualmente en esta institución deben dirigirse en su totalidad a la nueva guerra.

Insisto que los necesitamos, pero el que no quiera asumir este nuevo rol deben ceder el espacio para que podamos luchar frontalmente con el ejército de la Apocalipsis, el nuevo enemigo del Estado.

Además, en esta sección:

 

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