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Guatemala, domingo 12 de junio de 2005

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Opinión

LA BUENA NOTICIA
Como ovejas sin pastor

Al ver Jesús a las multitudes, se compadecía de ellas (M7 9,36)
Por: Gonzalo de Villa

El evangelio de hoy nos presenta una escena densamente teológica que se abre con la afirmación de la compasión de Jesús por las multitudes que estaban extenuadas y desamparadas.

Podemos ubicar esa compasión en su contexto original: masas de gente en la Palestina del siglo I, en difícil situación económica, en un país ocupado, con agudas diferencias religiosas entre los distintos grupos de élite.

Esos grupos, el auditorio primigenio de Jesús, estaban efectivamente en la pobreza, el desconcierto y la falta de esperanza.

Sin embargo, si trasponemos la escena a nuestra actualidad nos damos cuenta de que también hoy podemos encontrar a multitudes desorientadas, golpeadas por cambios sociales, económicos y culturales que también están a merced de la falta de alternativas, de la acelerada erosión de modos tradicionales de vida.

Ello significa grandes retos en todos los planos de la vida nacional, pero aquí quiero subrayar que la imagen impactante de Jesús es de quien se preocupa por la suerte de los desorientados y confundidos, golpeados y en el desamparo.

Ante esa realidad Jesús les va a decir a sus discípulos una frase no por muy conocida menos actual: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos.

Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Se podrían dar muchas interpretaciones a esa frase pero quiero escoger una que me parece no sólo adecuada, sino de enorme actualidad.

El dueño de la mies, que es claramente Dios, va a ser en nuestro mundo contemporáneo encerrado en imágenes peligrosas e inquietantes.

Para un sector importante de la población a nivel mundial Dios es hoy, en sus vidas y horizontes culturales, el ausente y silencioso.

La secularización en la sociedad que, en algunos países de vieja matriz cristiana, afecta ya a grandes mayorías de la población, coloca a Dios como una imagen del pasado, irrelevante hoy.

En otros sectores importantes la imagen de Dios es la de un Dios militante que demanda mártires para promover su causa y de ello encontramos abundantes ejemplos en el mundo islámico en donde se da la religión de más alto crecimiento a nivel mundial.

En otros, Dios es un activista social que promueve la causa de la justicia con recetas particulares de muy variable pertinencia.

En otros, finalmente, la imagen preponderante de Dios es la de un satisfactor de emociones.

Ante todas ellas nos cabe la pregunta: ¿Quién es el dueño de la mies y qué trabajadores son los enviados por El? El evangelio hoy nos ofrece un atisbo de solución: a lo que Jesús envía en un primer momento a sus discípulos es a expulsar espíritus impuros y a curar toda clase de enfermedades y dolencias.

Un primer reto en ello está en anunciar y celebrar a un Dios que sana y exorciza esos males y dolencias, un Dios siempre mayor que cualquier imagen preconcebida que de Él tengamos.

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