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PERSISTENCIA Feminicidio en Guatemala
Miles de mujeres indígenas fueron objeto de violación sexual y tortura antes de ser asesinadas.
Por:
Margarita Carrera
La diputada de laurng A. Estela Maldonado G. me ha enviado una excelente investigación sobre “Feminicidio en Guatemala”. En ésta señala que nuestro Código Penal no responde al principio constitucional que establece la igualdad en dignidad y derechos de hombres y mujeres, antes bien, se orienta a la desigualdad por razón de género, mateniendo normas represoras, excluyentes, injustas y discriminatorias hacia la mayoría de la población constituida por mujeres.
No es entonces extraño que los crímenes contra mujeres se sigan viendo como simples asesinatos, sin tomar en cuenta la situación de desventaja en que vive la mujer frente al varón, e ignorar el origen del feminicidio en la lucha contrainsurgente, cuando la Doctrina de Seguridad Nacional desarrolló formas de violencia específica contra las mujeres.
Miles de mujeres indígenas fueron objeto de violación sexual y tortura, antes de ser asesinadas: “El oficial tiene sus grupitos de asesinos y les dice cómo tienen que matar. Hoy van a degollar o guindar con alambres, hoy violan a todas las mujeres... las violaban, las ponían a cuatro patas, luego les disparaban metiendo el arma en el recto o en la vagina...
También mandaban a hacer percha con las mujeres... por una sola pasan 20 o 30 soldados. Si caía bien la mujer, la dejaban ir, a otras las mataba el último que pasaba con ella...” (descripción de un soldado sobre un procedimiento que se convirtió en rutina durante 35 años de guerra contrainsurgente). ¿Cuánto de herencia no queda de estas prácticas infames? Y los asesinos, ¿qué se hicieron?
Ileana Velázquez, de Amnistía Internacional, acaba de denunciar que en Guatemala los crímenes contra mujeres (que llegan a casi 400 en lo que va del año) no son debidamente investigados, quedando los criminales en la impunidad. Nineth Montenegro considera la posibilidad de que tanto el crimen organizado como el narcotráfico estén utilizando estos crímenes como cortina de humo, con el objetivo de desviar la atención.
Algunos opinan que el crimen organizado se sirve de las maras. Otra posibilidad es que las maras estén siendo instrumentalizadas para mantener un clima de terror en zonas empobrecidas y distraer la atención sobre el agravamiento de la situación económica y social.
Con frecuencia, la PNC afirma que estos crímenes son pasionales, derivados de celos, abandono, ruptura. Según la relatora de la CIDH, Susana Villagrán, esta calificación no está basada en una debida investigación e indica un patrón discriminatorio, una falta de respeto para la dignidad de las víctimas o sus familiares.
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