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EDITORIAL Portillo y sus declaraciones
La reaparición pública de Alfonso Portillo no podía estar exenta de señalamientos en contra del sistema judicial guatemalteco y de la prensa escrita. La verdad es que sus declaraciones rebasan con facilidad el colmo del cinismo, porque se presenta como si ni él ni sus colaboradores se hubieran involucrado en el régimen más corrupto de la historia guatemalteca, en el cual los fondos del erario -como nunca antes- fueron a parar masivamente a los bolsillos de gente inescrupulosa, al punto de haber vaciado las arcas del IGSS y con ello haber dejado en la calle a huérfanos, viudas, enfermos y ancianos.
Se olvida el ex presidente de varios asuntos fundamentales. Primero, que la Prensa simplemente informó y reprodujo los comentarios de personas indignadas por el nivel de corrupción del gobierno del Frente Republicano Guatemalteco (FRG).
Calificar eso de una persecución o de un contubernio sólo se puede justificar en quien, involucrado hasta la coronilla en todas estas acciones ilegales e inmorales, sabe que las publicaciones periodísticas hacen que quienes confiaron en las promesas electorales puedan tener un punto de vista más amplio.
Como se ha señalado antes, el hecho de que haya quedado sin efecto la orden de captura contra Portillo pone en entredicho la imagen del sistema judicial mexicano. Aún hay muchos recursos para tratar de que se haga justicia en este sonado caso, y por eso resulta irónico que el ex mandatario señale que confía en ese sistema.
Esto, evidentemente, no ocurrió cuando escapó de ese país para no enfrentarse a las consecuencias legales por haber dado muerte a dos ciudadanos mexicanos, como él mismo declaró en Guatemala cuando era candidato.
Lo más inaceptable de las declaraciones de Portillo es que se presente como un mártir, víctima del sistema socio-político-económico de Guatemala. La realidad es otra. Es él quien traicionó a ese sistema, al incumplir las promesas electorales a quienes confiaron en su labia demagoga.
Mal podría regresar al país si ya llenó su sueño de ser presidente y de enriquecerse junto con sus compinches, amigos personales e integrantes del FRG que lo llevó al poder, pese a ser cien por ciento opuesto a sus creencias de un supuesto beneficio del pueblo.
El proceso contra Portillo todavía tiene camino por recorrer. Por eso, el Ministerio Público guatemalteco necesita continuar todas sus acciones pendientes, ya que el camino de la ley tiende a ser engorroso.
El hecho es que se trata de una persona a quien el sistema de justicia guatemalteco le puede pasar la cuenta por los desmanes. Eso sí, necesita que el sistema mexicano funcione correctamente y no presente hechos sorprendentes como la extrañeza manifestada por el vocero de la Procuraduría del país vecino a causa de un posible amparo definitivo.
En todo caso, una prueba de que la situación no es como la mira Portillo queda aclarada con el televoto que se publica en esta misma edición: de cinco mil 195 votos válidos, cuatro mil 597 -un 88.49 por ciento- consideran que es culpable de lo que se le acusa, y 598 -un 11.51 por ciento- creen que es inocente.
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