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TASSOLILOQUIOS Un soplo genial: Soffio
“Las palabras más justas no son, en lo más mínimo, las palabras menos injustas”. En Piezas sobre el arte, de Paul Valéry (Francia).
Por:
Tasso Hadjidodou
En El alma y la danza, Paul Valéry imagina el diálogo entre Eryxímaco, Fedra y Sócrates. Me hubiese gustado leer las impresiones de tan agudo espíritu frente a la presentación del ballet Soffio, interpretado por la Compañía Post-Retroguardia dirigida por Paco Décina, espectáculo que se pudo admirar en Guatemala en el escenario del Gran Teatro del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, única función presentada por la Embajada de Francia, el Centro Cultural Francés de Cooperación para América Central y la Alianza Francesa, con apoyo de varias entidades amigas.
Sin olvidar un solo instante que todos los poros de este monumento arquitectónico rinden homenaje a Efraín Recinos y su genialidad, desde el primer minuto me sentí atrapado por la asombrosa creatividad de Soffio, creado en 2003, en el Teatro Paul Eluard de Bezons.
Durante una hora y cuarto, sin intermedio, como yo, los demás espectadores, chicos y grandes, cayeron embrujados por esta obra maestra ideada por Décina y bailada -iba a decir caligrafiada- por un conjunto de bailarines extraordinarios.
Con las posibilidades que permite la distancia en el tiempo, me cuesta separar la escenografía (o su sobria ausencia), el vestuario, las luces, la música, los cantos, etc. Los silencios adquirían un valor trágico.
En ciertos momentos, los bailarines parecían flotar en el aire; en otros, revoloteaban; en otros, aterrizaban y después desaparecían, a veces reaparecían y todo ello “non stop”. Se dibuja con lentitud el parto de un salto.
La sonorización, acorde a los propósitos del gran director de orquesta del ballet, nos hacía percibir en nuestras butacas los elementos: el agua, el frío, la neblina, la humedad, la pasión, la unión, la separación y todos los matices de la tragedia humana.
Creo que sólo una obra maestra de muchos quilates es capaz de mantener la atención tanto tiempo de un público amante del arte, pero que tiene poca oportunidad de presenciar obras a la vez complejas y sencillas para espectadores advertidos.
Escuchemos un momento al Eryxímaco de Valéry: “...O Sócrates, qué te parece la bailarina?” Contestando Sócrates: “Eryxímaco, este pequeño ser hace pensar... Reúne en él, asume una majestad existente confusa en nosotros y que vivía en los bailarines imperceptiblemente...
Pareciera que nutre al espacio con bellos actos y que golpea con el pie las sonoras efigies del movimiento. Parece enumerar y contar piezas de oro puro lo que nosotros gastamos distraídos en vulgares monedas de pasos, cualquiera que sea nuestro destino al andar”.
Del programa comparto algunos datos: nacido en Nápoles, Paco Décina se instala en París, en 1984. Crea la compañía en 1986, obteniendo el Premio de Coreografía de la “Ménagerie de Verre”, con Tiempos muertos, ballet creado antes en Milán.
Post-Retroguardia cuenta ya en su activo quince grandes coreografías y múltiples giras tanto en Francia como en distintos continentes. En Soffio (que significa “soplo”, en italiano), pareciera que el tiempo se detiene. Sobre músicas tradicionales clásicas de la India, composiciones electroacústicas y ruidos de agua, seis bailarines: 3 mujeres y 3 hombres, “evolucionan con una presencia y una levedad nunca vistas... Décina nos ofrece todo.
Ofrenda de cuerpos en atracción, ofrenda de cuerpos entre aquellas dos aguas que podrían ser el cielo y la tierra... Luminosa página de la danza... perfumada con felicidad y desolación... movimiento que se despliega...”
Lo extraordinario también fue que al final el público no se decidía a irse. Alrededor de la exposición pictórica del certamen “Quince de Septiembre”, intercambiaban recuerdos de veladas inolvidables de un pasado a veces remoto, a veces reciente, en un marco admirable.
En el libro de oro del Teatro Miguel Ángel Asturias centellarán por mucho tiempo los nombres de Valeria Apicella, Orin Camus, Jorge Crudo, Rodolphe Fouillot, Noriko Matsuyama y Emile Praud, bailarines estrellas que supieron describir para nosotros, interpretando maravillosamente la creatividad de Paco Décina, “sutil luz del corazón que llama al impulso, al vuelo, a la contemplación y al éxtasis vivo”.
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