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EDITORIAL Declaraciones inexplicables
Inexplicables e inaceptables son dos vocablos que se aplican con absoluta certeza a las declaraciones hechas ayer por Efraín Ríos Montt, quien se presentó en una conferencia de prensa, respaldado por toda la plana mayor del Frente Republicano Guatemalteco (FRG), para indicar que él fue colocado por los militares en el puesto de jefe de Estado, con motivo del golpe que derrocó a Fernando Romeo Lucas García, y que por esa causa no se enteró de que se estaban cometiendo violaciones de todo tipo a los derechos humanos durante el enfrentamiento armado interno.
Resultan particularmente curiosas esas palabras provenientes de alguien que ha llegado al grado de general en un ejército, puesto que está obligado a saber que el jefe de Estado -o presidente, como él se declaró a sí mismo- es el responsable directo tanto de las consecuencias como de las acciones mismas cometidas por las personas y unidades castrenses bajo su mando, sobre todo en el campo del combate y, en general, de la conducción de la guerra.
Lo declarado por el jefe del FRG implica, entonces, que carecía de conocimiento de lo ocurrido en el teatro del enfrentamiento armado interno. Es válido decir, entonces, que no tenía control alguno y que la jerarquía militar lo tenía ajeno a las decisiones.
Esto resulta ser lamentable para sus seguidores, porque demuestra que desde ese momento el liderazgo que le atribuyen no ha sido tan sólido, a lo cual se debería entonces agregar que tampoco lo ha sido como jefe de aquel partido.
La conferencia de prensa mencionada es la primera en la que el ex jefe de Estado se ha referido a la orden de captura internacional emitida por el juez español Santiago Pedraz, quien lo acusa de genocidio, terrorismo y torturas.
Esa orden fue derivada de la que resultó ser una equivocada estrategia de los defensores, que al interponer 15 recursos legales a favor de Ríos Montt impidieron el encuentro entre ambos. Lo que pareció ser una victoria se convirtió en un problema legal adicional, porque esa orden de aprehensión lo obliga a permanecer en el territorio nacional para evitar que le ocurra lo mismo que a Augusto Pinochet.
Nuevamente, la estrategia de los abogados defensores comprueba ser errada. En vez de basar la defensa en poner en tela de duda la idoneidad del juez, o referirse a las dudas de varios sectores acerca de la supremacía del sistema judicial español sobre el guatemalteco, le aconsejan declararse inocente por ignorancia de lo ocurrido en las decisiones internas del Ejército, con lo cual se coloca en un plano que lo hace ver en un muy mal predicado ante sus seguidores y le otorga regocijo a sus adversarios políticos y, sobre todo, a los ideológicos.
Ya en el campo puramente militar, las palabras de Ríos Montt pueden ser válidamente señaladas como una especie de deserción o de traición. Esa es una nueva complicación para alguien que demuestra no saber cómo encarar esta seria contingencia relacionada con su accionar como militar y como persona, en una época tan difícil de la historia reciente guatemalteca.
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