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Guatemala, sábado 29 de julio de 2006

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Opinión

COLABORACIÓN
La torre de Babel

El abandono de principios de comportamiento no es responsabilidad del Estado.

Por: José Miguel Argueta

Quizá una de las cosas que mas maravilla al ser humano es toda actividad que contribuya y desarrolle su proceso de civilización. Hay comunidades humanas que siempre han ido a la zaga del descubrimiento y otras a la vanguardia del quehacer, de lo que mejore su condición y por qué no decirlo: exaltar la grandeza del espíritu humano.

Babel, una de las construcciones del mundo antiguo, incomprendidas por los relatos que de ella se hacen en textos sagrados, representa la grandeza del conocimiento humano. Es considerada uno de los observatorios astronómicos del mundo antiguo, que en proeza se iguala a los modernos telescopios que como grandeza del ingenio humano han sido colocados en el espacio.

En el mundo maya uno de los tres códices que sobrevivió a la destrucción de la conquista y barbarie, relata observaciones hechas por ciento cuatro años consecutivos del planeta Venus.

Establecen la sucesión de eclipses, movimientos estelares y el cálculo de estaciones para cosechas. Ese amplio testimonio sólo refleja el interés y coraje de ir siempre más allá del último paso.

Sin embargo, mucho de esa contribución, mucho de ese desarrollo se ve opacado por la insensatez de personas que no pueden ver más allá de lo que tienen delante. Mucho del trabajo que genera negocio fácil, sin respeto de leyes, de principios milenarios de actividad y comportamiento humano, sea en la esfera pública o privada.

Ese abandono del precioso proceso de conocimiento, de desarrollo a largo plazo va dando lugar a actitudes como la del hombre que vende su primogenitura por un plato de lentejas.

El abandono de principios de comportamiento no es responsabilidad del Estado, en ella están involucrados intereses económicos de empresarios, de arrieros que por el camino van, de una pueblo que reacciona y le hacen reaccionar a los criterios establecidos socialmente.

Todos los guatemaltecos somos una red de nerviosismo, concentrados en nuestro trabajo, completamente neutros, el trabajador se contenta con mejorar su salario, verdaderamente nihilistas y anarquistas.

Los guatemaltecos se contentan con vivir sin saber qué hacer consigo mismos, sin contactos, sin esperanzas. El empresario que importa al país 50 contenedores se contenta con lograr cien.

Sin embargo, han perdido toda ambición por mejorar, preocupados por las cosas pequeñas de la vida.La burocracia enfrascada en una lucha por los sueldos, siendo ahora lo único que les importa.

Espero que esas lecciones nos hagan reflexionar. No es cuestión de mejorar el sueldo, o duplicar mis ganancias, es más que eso es un reto con el propio quehacer del hombre sin mediatizaciones de ninguna especie.

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