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EDITORIAL Guatemala tiene muy difícil reto
La participación de Guatemala en el Consejo de Derechos Humanos, de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que será inaugurado hoy en Ginebra, Suiza, constituye una oportunidad para que el país mejore la percepción y la realidad de lo que acontece en el territorio guatemalteco al respecto de ese tema, uno de los más controversiales en el contexto de la comunidad internacional.
En dicho consejo participan representantes de 47 países de la ONU y su inauguración será realizada con la presencia de funcionarios de alto nivel de docenas de países. No está exento de controversias, porque dentro de los países que lo integran se encuentran algunos poseedores de un negro récord en derechos humanos y las libertades fundamentales, como es el caso de aquellos que tienen dictaduras de cualquier signo o por cualquier pretexto.
La ONU debe ser cuidadosa en que a dicho Consejo no lleguen representantes de países que, por ejemplo, tienen presos políticos por razón de sus ideas, religión, raza, etcétera.
Aunque ningún país del mundo está libre de que se le critique válidamente por no cumplir a cabalidad con los derechos humanos, hay algunos en los que tales violaciones son sistemáticas y están realizadas o permitidas por los gobiernos.
La creación de este Consejo otorga la posibilidad de permitir que haya variaciones en el concepto de los derechos humanos, con el objeto de borrar la percepción existente en sectores de varios países acerca de que no son aplicados en forma uniforme y sin excepciones.
La primera etapa, aun vigente, se fija en las violaciones a los derechos humanos causados por los Estados. Pero conforme ha avanzado el tiempo, parece haber llegado el momento de ampliar el concepto a todo acto delictivo que realicen ya sea individuos u organizaciones antisociales en contra de los ciudadanos comunes y corrientes.
El criterio que debe ser agregado es que no sólo quienes infringen la ley tienen derecho a ser respetados, sino también las víctimas. En el campo político es lo mismo: no sólo quienes profesan una ideología deben tener el privilegio de que sus derechos sean respetados.
Si algún motivo de crítica ha sido persistente a esta doctrina, es que su aplicación no siempre es la misma.
Una evidente ventaja de la creación del Consejo consiste en que los 47 países que lo integran deben ser los primeros en respetar los derechos humanos, para evitar que la entidad se convierta en un hazmerreír o simplemente en una fachada.
En ese sentido es muy bueno que Guatemala integre esta entidad por los primeros tres años de su existencia.
La vigilancia especial que será desarrollada como parte de los compromisos que han sido voluntariamente aceptados, será una forma de asegurar que ya no haya justificación para acusar a Guatemala de ser un país donde estos derechos son violados.
Internamente, el gobierno guatemalteco deberá esforzarse porque integrar el Consejo no se convierta en una nueva forma de críticas válidas y justificadas.
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