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La partida del padre Caramelo
Un mes y medio de homenajes cierra los 47 años que el padre José Antonio Márquez dedicó a los más pobres de Guatemala
Por:
Gema Palencia
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| Fray José Antonio Márquez ha recibido condecoraciones del Organismo Ejecutivo por su labor a favor de los más necesitados. En la foto, Jorge Méndez le impone la orden del Soberano Congreso. Foto Prensa Libre: Daniel Herrera. |
Dice que tanta despedida pareciera un funeral y se emociona cuando cuenta cómo la gente de su barrio de la zona 6 le pide que no se marche.
Sobre todo en El Martinico, donde le llaman el padre Caramelo, porque siempre lleva dulces para los niños.
Además del agradecimiento de la gente que ayudó, el sacerdote se lleva las condecoraciones de la Orden del Quetzal que le entregó el presidente Óscar Berger y la del Congreso.
Regresa a España porque quiere empezar de cero y no sabe a qué se dedicará cuando llegue a Sevilla, a la casa provincial de los franciscanos capuchinos.
La voz de la madre
Su preocupación por los más necesitados se la inculcó Eugenia, su madre. Cuando un pobre llamaba a la casa, ella le decía “Joselín, mira a ver si hay pan”, y él buscaba porque en la posguerra no había comida todos los días.
“Si teníamos, había que compartir, porque hacerlo no es dar lo que te sobra, sino lo que quieres y necesitas”, agrega.
Pasó hambre en la posguerra española y por eso dedicó su trabajo a ayudar a los más necesitados.
Primero en la zona 6 de la capital, luego dirigiendo Cáritas Arquidiocesana y a través del Hospital Juan Pablo II.
Siempre tuvo claro que quería viajar a América. Con 25 años se embarcó en el Satrústegui, un barco que tardaría 15 días en llevarle hasta Santo Domingo, República Dominicana, su primer destino.
Allí estuvo dos años hasta que el entonces presidente Rafael Trujillo expulsó a varios religiosos por las críticas de la Iglesia a su régimen.
El terremoto en la memoria
De su estancia en Guatemala, recuerda la dureza del terremoto de 1976. “A mí no me duró 40 segundos, sino ocho años, porque sobre mis hombros cayeron los escombros del barrio El Martinico y su reconstrucción”. cuenta.
Se marcha con la satisfacción de que la orden de los Capuchinos está bien instaurada en el país y la labor social en Cáritas y en su barrio la continuarán los más jóvenes.
A España, afirma, se lleva la admiración por el pueblo guatemalteco por su generosidad. Dice que recibió más de lo que vino a dar y ahora, sin nada, a sus 73 años comienza una nueva vida.
Obra: Casi medio siglo de entrega
Organizó en 1969 la obra social en el barrio El Martinico, de la orden de los capuchinos, en la zona 6 de la capital. Tras el terremoto de 1976, rehabilitó y construyó mil 556 viviendas.
Desde 1980, es presidente de la organización Cáritas Arquidiocesana, que ha beneficiado a casi 10 millones de personas.
Fue fundador del Hospital Infantil Juan Pablo II.
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