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EDITORIAL Actos cívicos de influencia política
Tal y como había sido esperado y predicho, las manifestaciones realizadas ayer a lo largo y ancho de EE.UU. por los hispanos residentes legalmente o descendientes de inmigrantes, marcaron con claridad meridiana que la comunidad hispano-hablante ya dejó para siempre de ser una minoría olvidada y, sobre todo, despreciada por los políticos, los gobiernos nacional, estatales y municipales, algunos medios de comunicación escritos y audiovisuales y, en general, todos los sectores de la sociedad estadounidense.
Fue un hecho cívico, que se convirtió de inmediato en un hecho político y que en una fecha muy próxima será además un hecho partidista-electoral. Con la facilidad que tiene la sociedad de EE.UU. para adaptarse a las nuevas situaciones, no deberá extrañar que en un lapso relativamente corto aumente en forma dramática el número de funcionarios electos con ascendencia hispana, ya sea en las alcaldías, en las diputaciones y en el Senado.
Entre los hechos sorprendentes de la jornada de ayer se puede contar el silencio tanto del gobierno federal como de los principales líderes políticos, tanto demócratas como republicanos, quienes, sin embargo, no pueden negar la importancia de lo ocurrido y por ello se encuentran en una prudente espera que tiene el fin de no hacerles cometer errores que les cuesten votos de aquí en adelante.
Otro factor de importancia indudable fue la fecha, por la cobertura que le otorgó la prensa latinoamericana. Por eso puede decirse que se trató de un evento multinacional, de una especie de globalización del interés por aquellas personas que, con sus sacrificios de toda índole, ayudan a las economías, tanto de EE.UU. como de los países donde nacieron y se vieron obligados a emigrar como consecuencia de la falta de oportunidades para mantener a sus familias en una manera digna.
En EE.UU. estas marchas harán que el panorama político haya cambiado radicalmente con el ingreso de un nuevo factor. También se abrió la puerta a cambios en el panorama laboral: numerosas empresas le dieron feriado a su personal, ya sea por temor o por solidaridad.
En otros casos la ausencia de hispanos paralizó hoteles y restaurantes, y varias fábricas debieron cerrar. Mientras, en América Latina y con diversos niveles de éxito, hubo boicot contra las empresas estadounidenses.
Todo esto fue una muestra clara de la importancia de la comunidad hispanohablante, que irónicamente le debe el haberse despertado, después de tantos años de letargo, a las actitudes irreflexivas y absurdas tomadas por políticos que se negaron a ver lo que era evidente hasta para el menos avezado de los observadores políticos y analistas sociales.
La lección que ayer otorgaron a las autoridades estadounidenses los millones de inmigrantes debe hacer que EE.UU. busque de nuevo las raíces que le dieron los fundadores del país. Queda ahora esperar cómo reaccionan las actuales autoridades y los políticos, tanto demócratas como republicanos, ante la voz clara e inequívoca de los hispanos.
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