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EDITORIAL El abuso de los diputados
El Congreso de la República es el organismo del Estado más representativo en cualquier democracia, pero también está llamado a ser el rector de la vida política, económica y social, por el rol legislativo y de fiscalización que le concede la Constitución.
Sin embargo, como sucede con cualquier institución, su efectividad y prestigio dependen directamente de la actitud de sus integrantes, en este caso particular los señores diputados, en el pasado también llamados “padres de la Patria”, pero ahora venido a mucho menos, precisamente a causa de la actitud negativa que manifiesta la mayoría de ellos.
Por supuesto que no se puede generalizar cuando se habla de “diputados irresponsables”, pero nadie ignora –y así lo muestran las encuestas– que los parlamentarios guatemaltecos gozan de una mala reputación, lo que ha provocado que el Congreso se convierta en una institución sin credibilidad ni prestigio.
Los constantes escándalos de los diputados, que por cierto no son nuevos, sino se repiten desde hace varias legislaturas, simplemente evidencian una triste realidad que deja al desnudo la precaria realidad política del país.
El último de estos escándalos es el que están protagonizando en estos momentos tres legisladores que viajaron a París aprovechando una invitación del grupo Parlamentarios por la Acción Global, la cual resultó ser una burda falsificación, lo que supone que hubo engaño, pero además varios ilícitos que debieran obligar a que el Ministerio Público intervenga en el caso.
Los diputados honestos, que aunque pocos los hay, están obligados a exigir de la actual Junta Directiva una exhaustiva investigación para que se determinen responsabilidades y que se promueva también el castigo a los responsables de esta burla que se hace al pueblo de Guatemala.
El presidente del organismo, el diputado Jorge Méndez, es nuevamente blanco de críticas por promover los viajes de diputados a diestra y siniestra, pero en este caso particular puede resultar también involucrado si no se busca el mecanismo para aclarar el hecho y que la justicia prevalezca. Lo contrario sería mandar un mensaje a la sociedad en el sentido de que la impunidad protege a los políticos corruptos.
Es triste reconocer que en el pasado se han producido abusos similares, pero esta vez está de por medio el uso de una carta con firma falsificada, algo que en el pasado no se había descubierto, al menos no por parte de la Prensa, como ocurrió en esta ocasión.
Si se permite la burla a todo el pueblo cuando las pruebas están a la vista, cabe preguntarse qué podemos esperar cuando se logran esconder las artimañas de algunos diputados para engañar a sus compañeros y fundamentalmente a la población en general.
La Prensa ha descubierto el hecho, pero la sociedad civil debe exigir que el caso no quede impune. Algún día hay que empezar a corregir el rumbo.
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