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EDITORIAL Suben temores por un México convulso
La trifulca ocurrida el martes en el seno del Congreso de México, vergonzosa y lamentable, otorga fuerza a la idea de que los parlamentos latinoamericanos se encuentran, en general, en un retroceso que es consecuencia del subdesarrollo de la clase política y de los partidos.
No se puede justificar en manera alguna que diputados del Partido de la Revolución Democrática (PRD) hayan intentado ocupar la sede del Congreso con el objetivo de obstruir la toma de posesión del presidente Felipe Calderón.
Esto hizo que diputados del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN) trataran, a su vez, de impedir la medida. Los puñetazos fueron grabados y fotografiados, y el Congreso quedó cerrado con los representantes populares pernoctando adentro. Ayer, las amenazas del PRD llegaron al mayor ridículo.
La situación hay que analizarla mucho más allá del simple hecho de la evidente participación del candidato perdedor de las elecciones, Andrés Manuel López Obrador, y de los pretextos esgrimidos por sus simpatizantes a fin de vedar el ingreso del presidente Vicente Fox al Congreso para entregar la banda presidencial, al decir que el primer mandatario no miembro del PRI ha cometido varios delitos electorales.
Lo más preocupante es que lo ocurrido comprueba la decisión de los perredistas de no detenerse casi ante nada para mantener sus protestas en contra de un supuesto fraude electoral, criterio con el que no está de acuerdo la mayoría de los mexicanos, según las encuestas. Esta actitud, además de lograr el rechazo de muchos de los votantes por López Obrador, puede tener efectos negativos en el campo internacional.
Si el PRD logra impedir que la toma de posesión sea realizada en el Congreso, habrá obtenido una victoria pírrica. Además de que victimizaría al presidente Fox, lanzaría un mensaje negativo a la comunidad internacional, en sus ambientes políticos y económicos.
Un México convulso, con una oposición política delirante, se convierte en un socio poco confiable, con los efectos negativos que ello significa no sólo para el país sino para la región centroamericana, e incluso para Estados Unidos, que podría ver un incremento en la constante emigración ilegal.
Las negociaciones entre los diputados mexicanos, aunque lleven a lograr que la ceremonia se realice, no dejan de ser indicativas del retroceso político que le causa a México la presencia de personajes que no tienen la capacidad o la voluntad de comprender el papel de una oposición cuando el voto popular les es adverso, incluso en el caso de que la derrota haya sido por poquísimos votos. Pero son las reglas. Si no les agradan, pueden utilizar su influencia para cambiarlas y modernizarlas.
La democracia necesita una clase política responsable y profesional. Los pueblos latinoamericanos parecen estar mejor preparados que las élites partidistas para cumplir con su deber. En México, los ciudadanos ven con desagrado este lamentable espectáculo, y nadie puede culparlos si como consecuencia le dan la espalda a la participación electoral.
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