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Guatemala, domingo 29 de octubre de 2006

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Nacionales

Se unen contra consumo de chicha
Este licor vuelve violentos a sus esposos, indican
Por: Gema Palencia

Foto de portada
El consumo de esta bebida provoca graves daños a la salud, ya que no tiene controles sanitarios, entre ellos, afecta la visión y al hígado. (Foto PL: Jorge Castillo).

Señoras exigen a las autoridades que cierren de una vez por todas las ventas clandestinas.

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Cuando terminan su tarea diaria en el campo, muchas mujeres del área chortí ya saben que sus esposos van a estar en las chicherías, compartiendo con sus vecinos y bebiendo licor clandestino cuyo consumo excesivo provoca serios problemas familiares.

Cansadas de recibir maltratos de sus maridos cuando están tomados o de que se gasten el poco dinero que ganan, las mujeres se unieron para pedir a las autoridades que controlen la venta de este producto que por ley está prohibida.

En cada aldea de los municipios de Jocotán y Camotán hay al menos una chichería, y por Q2 consiguen un litro de este licor hecho con azúcar de caña fermentada.

Los efectos sociales

Dominga Interiano es una de las promotoras comunitarias que ha visto cómo vecinas de su comunidad son golpeadas por sus esposos cuando ellos están bajo el efecto de ese licor. “Ya no respetan, abusan de otras mujeres y nos amenazan, porque están tomados”, relata.

La violencia es habitual dentro y fuera de la familia, pues los conflictos entre los pobladores de las aldeas aumentan. “Hace unos días, un vecino que andaba tomado se peleó con su esposa y terminó tomando veneno, ya no sabemos qué pasó con él”, añadió.

Otro problema que deben afrontar las mujeres es que el dinero que deberían tener para comprar alimentos y otros productos termina en la chichería.

Además, tienen que soportar que sus esposos lleven a los hijos varones a las chicherías a seguir la tradición. “Los llevan chiquitos, algunos son de 6 ó 7 años, y así empiezan”, lamenta Dominga.

En el área chortí esta antigua costumbre choca con el bienestar de la comunidad, especialmente de las mujeres, que son las más afectadas.

Pero a los hombres les cuesta aceptar las repercusiones que esto tiene y sobre todo que la tradicional bebida sea controlada. Muchos se preguntan por qué atacan a quienes fabrican esta bebida de forma clandestina, y no a los que fabrican “guaro”.

“Cuando hemos tenido reuniones con los hombres mantienen que es algo tradicional y que no se los pueden quitar”, explica José Sotero López, delegado del Centro de Acción Legal en Derechos Humanos (Caldh), en la región.

Demanda sin respuesta

A través de la Oficina de la Mujer de la Municipalidad, en Camotán, se reunieron representantes de una treintena de aldeas y plantearon esta demanda a las autoridades, pero la situación no varió.

“De nada sirvió pelear, luchamos, fuimos a Chiquimula, pero todo sigue igual”, se queja Dominga.

El alcalde del municipio, Álvaro Guerra, asegura que desde la municipalidad hacen lo que pueden y han presentado varias denuncias ante el juzgado de Paz, pero allí no han hecho nada. “Dicen que es una bebida tradicional y que no la pueden quitar. Algunas veces han puesto multas de Q200, pero eso no hace mucho”, señala.

Guerra se muestra preocupado porque se genera cada vez más violencia. “Para mucha gente es un problema rentable, pero las ventas de licor deberían tener un registro y autorización, y éstas no lo tienen, entonces la Policía tendría que actuar”.

Problema crónico

El problema del consumo excesivo de licor ha azotado durante años la región. Nelly Pasos, consultora en programas de desarrollo, asegura que es un hábito difícil de controlar, y provoca graves efectos.

La consultora afirma que cuando existía la Guardia de Hacienda, ésta controlaba la venta ilegal, pero ahora hay escasa vigilancia por parte de la Policía. En su opinión, es necesario volver a abordar el tema en el Consejo Municipal de Desarrollo, donde participan líderes comunitarios y autoridades.

“El problema es que casi todos los representantes son hombres, pero hay que trabajar para hacerles ver las consecuencias que conlleva y el daño para la comunidad”, expresa.

Los efectos son graves

En lo que va del año, se han clausurado siete fábricas clandestinas, y se han destruido alrededor de 20 mil litros de licor, según explicó Marta de Álvarez, miembro de una comisión para el combate al consumo de bebidas alcohólicas ilícitas, que comenzó a trabajar este año en colaboración con varias instituciones del Gobierno.

De Álvarez advirtió que los daños en la salud por consumir licores prohibidos son muy graves, uno de los más comunes es la pérdida de visión o la hepatomegalia (aumento del tamaño del hígado).

Explicó que los operativos se realizan en coordinación con el Ministerio Público y la Policía, y señaló que los afectados pueden acudir a las gobernaciones departamentales o al Ministerio de Salud, para que se investiguen las denuncias.

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