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PUNTO DE ENCUENTRO ¡Desastroso!
Óscar Berger: “Ningún malestar, todo el mundo está contento”.
Por:
Marielos Monzón
Hace casi 10 años abrí dos cuentas en Bancafé. Así que su liquidación me tocó muy de cerca, como al millón de cuentahabientes y sus familias. El miércoles 25 de octubre me enteré, pasadas las 10 de la noche, de que no sería sino hasta el viernes 27 cuando iniciarían la devolución de los fondos, y no el jueves 26, como se había previsto.
La Superintendencia de Bancos anunció que, aunque el proceso sería lento, el acceso a los recursos estaba garantizado.
El viernes 27, miles de guatemaltecos acudimos a las agencias que, según las consultas telefónicas o las páginas electrónicas de los bancos Agromercantil, Bancor y Banrural, serían las encargadas de realizar los trámites.
A mí me tocó una del Bancor. La agencia permaneció cerrada hasta la 1 de la tarde, y no fue sino casi llegadas las 2 que empezaron a atender. En la fila nos asoleamos y nos empapamos, y 9 horas después, logramos ingresar.
Cuando finalmente me atendieron, me llevé la sorpresa de que el saldo de una de mis cuentas no correspondía: “Un teclazo”, me dijo el receptor, “regrese el lunes para ver si lo pueden arreglar”.
La otra cuenta tampoco estaba allí, un error del sistema la había colocado en otra agencia.
El sábado 28 me dirigí a la agencia de Aguilar Batres, a cargo del banco Agromercantil, donde supuestamente habían enviado la cuenta. Allí llegue a las 5.45, y me tocó el número 449. Se hicieron dos filas, una de las personas que el viernes no habían podido retirar sus fondos, y otra de quienes llegamos el sábado. Se informó que todas las personas que tenían número serían atendidas.
Allí estuvimos, otra vez, bajo el sol y bajo el agua. Al final, después de 10 horas de espera, un empleado salió a decir que no se atendería a nadie más. La paciencia se agotó y la protesta fue unánime; pero no hubo consideración y se nos dijo que regresáramos el lunes.
De nada sirvieron las súplicas de algunos y las exigencias de otros: “¿Usted me va a dar el dinero para darles de comer a mis hijos?”, “¡A mí no me van a dar permiso de faltar otra vez al trabajo, atiéndanos de una vez!”, “¡Desde las 12 hasta las 2, la cola no caminó porque el sistema no funcionaba; repongan el tiempo!”, se escuchó. Al momento de escribir esta columna, todavía no sé si lograré, después de tres días de cola, recuperar alguna de las cuentas. Y como yo, miles.
Los bancos Agromercantil y Bancor. que aceptaron contribuir a superar la crisis, se vieron rebasados. Otro gallo hubiera cantado si, al igual que Banrural, Banco Industrial y G&T Continental hubieran aceptado colaborar, porque su infraestructura habría simplificado el proceso. Pero aunque el barco se estaba hundiendo, decidieron mirar para otro lado. Ni qué decir de las empresas privadas que ya empezaron a cortar los servicios por falta de pago.
El sistema financiero se basa en la confianza de la gente, y eso es lo que se está perdiendo a pasos agigantados.
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