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Guatemala, martes 31 de octubre de 2006

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Buena Vida

Cómo explicar la muerte a los niños
Supere sus miedos propios antes de tratar el tema con los pequeños
Por: Roberto Villalobos

Foto de portada
Los niños poseen el sentimiento de que el mundo gira en torno a ellos. Al momento en que alguien cercano fallece podrían suponer que fue por su culpa, tal vez porque se portaron mal.

El niño, de 7 años de edad, contempla a su abuela, que yace en la cama del hospital. Su madre está ahí y procura contener las lágrimas por el dolor del momento.

“¿Qué está pasando, mami?”, pregunta el chiquillo. “Abuelita va a morir”, le contesta con voz entrecortada, pero tranquilizadora.

Confundido, el chico voltea la mirada nuevamente hacia la anciana y, tomándole de la mano, permanece en silencio por un par de minutos, tratando de descifrar las palabras de su progenitora. Instantes después, pregunta de nuevo: “¿Por qué va a morir?”

Lo anterior se basa en un hecho real y ejemplifica lo difícil que puede ser tratar el tema de la muerte con los niños. Si de adultos no se logra comprender en toda su magnitud, ¿cómo explicársela a ellos?

Hablar acerca del fin

El caso de una muerte anunciada ya supone una ventaja, indica la sicóloga Cristina Muyshondt, ya que se les puede explicar el proceso de una forma más relajada, aunque recalca no se les debe mentir ni ocultar la realidad de la situación. Al respecto, el siquiatra Raúl Higueros manifiesta que hay que brindarles la oportunidad de despedirse de esa persona que está viviendo sus últimos momentos.

Pero, ¿qué es exactamente lo que se les debe decir? Aparte de la honestidad, los padres deben evitar las fantasías alrededor del asunto, dice Muyshondt. “Sugiero que cuando se les platique de eso, lo hagan con cosas reales y concretas”, añade.

Les puede decir, por ejemplo, que así como una semilla al ser sembrada y ser cuidada, un día germinará y nacerá un árbol, que crecerá más y más, hasta que sus hojas caigan y finalmente, muera. Luego, explíqueles que todo ese proceso es similar y natural en los seres humanos y que todos lo experimentarán en algún momento de la vida.

Sin embargo, no les diga que la muerte es como un sueño profundo, pues pensarán que es peligroso dormir. “Hay que ser extremadamente cuidadoso con las palabras”, indica Muyshondt.

Por ello, es mejor decirles que alguien falleció porque estaba muy anciano o porque estaba muy enfermo. En éste último caso, debe procurar dejarles claro que un padecimiento no necesariamente es motivo de muerte, pues también podrían condicionarse y creer que ante cualquier enfermedad podrían morir.

En cambio, si un deceso fue inesperado y aún no le había hablado nada acerca del tema, la persona encargada de comunicárselo debe ser todavía más sutil: “Hay que mantener la calma y no debe hacerlo alguien en shock ni que haga grandes dramas, porque sólo conseguirá que el niño se angustie. Además, se recomienda que sea alguien muy cercano a él, pues ellos confiarán más en sus palabras”, apunta Muyshondt.

Entendiendo la muerte

La edad también es un factor determinante. Antes de los dos años, ellos no saben qué es lo que pasa y hasta los seis, ellos aún no han desarrollado toda su capacidad de abstracción. “Debido a que la muerte es algo intangible, los chicos piensan que es algo que se puede componer, y esa es una de las razones por las que hay que aclararles todos los aspectos del fin de la vida”, expone Muyshondt.

Luego de los seis años, la irán comprendiendo de mejor manera, hasta que a los once -que es la edad en que el cerebro termina de definir los conceptos de la abstracción- que el menor entiende a cabalidad el ciclo natural de la vida.

Sin importar la etapa de la niñez en que se encuentren, los padres deben dejar que el chico exprese todas sus emociones y responder a todas las preguntas, señala Higueros. Y si lo desea, también puede explicarles la muerte desde el punto de vista religioso, pero siempre con palabras sencillas.

Momentos complicados

Los niños poseen el sentimiento de que el mundo gira en torno a ellos. Al momento en que alguien cercano fallece podrían suponer que fue por su culpa, tal vez porque se portaron mal. “Hay que explicarles que ellos no son el motivo del deceso”, indica Muyshondt.

Así mismo, el sicólogo y sicoanalista francés Michel Hanus, refiere que para un chico es muy difícil sobrellevar la muerte de un hermano, incluso más que la de un padre. Eso es debido a la rivalidad natural entre ellos, y suponen que fue por su culpa, y sucumben en el remordimiento.

Los familiares deben intervenir y explicarles, con paciencia, las razones reales, sugiere Hanus.

Por otra parte, Higueros recomienda que el niño participe en las ceremonias fúnebres. En este aspecto, existe un dilema: permitir que el chiquillo observe al difunto o no. Para Muyshondt, no se les debe dejar, pues la experiencia puede ser demasiado fuerte. “El problema es que se quedan con esa imagen, y será lo último que recuerden”.

En contraste, Hanus opina que no hay razón para que el cicho se asuste al ver un cuerpo, y también es un error pensar que se destruyan los buenos recuerdos.

En todo caso, lo mejor es que sea un adulto responsable quien decida qué hacer de acuerdo a la estabilidad emocional del pequeño.

En cuanto al entierro, déjelos asistir y explíqueles cada paso del proceso. No obstante, Muyshondt recomienda que si el niño está muy afectado, mejor lo lleve otro día, cuando todo haya pasado.

Cuando uno falta

En caso de fallecimiento de uno de los padres, los chicos tienden a apegarse con la persona que quedó, tratando de buscar la seguridad emocional y física que necesitan.

Hanus indica que la muerte de uno de ellos interrumpe el proceso de identificación, esencial para el desarrollo síquico, por lo que considera importante hablarles del padre o madre fallecido.

Compartir esos recuerdos contribuirá a forjar mejor su carácter. El decirles que se parecen a su papá (o mamá), le brindará seguridad al niño sobre su identidad.

Mientras tanto...

Con lágrimas en los ojos, la madre abrazaba a su hijo luego de haberle mencionado que la abuela ya no estaría en casa por las tardes para jugar con él.

“¡No quiero que se muera!”, protestó. “Hijo, ¿recuerdas lo feliz que eras cuando te llevaba al parque? ¿O cuando te leía cuentos en la noche para que durmieras?” El chico asintió con la cabeza, y su madre prosiguió: “Esos son los momentos que a tu abuela le gustaría que recordaras”. El chico calló de nuevo, y al rememorar los acontecimientos compartidos con su abuela, sonrió.

La madre también se calmó al ver la cara de felicidad de su pequeño, a pesar del episodio por el que pasaban. Aquella noche, la anciana falleció. El chiquillo le dio, poco antes, un beso en la mejilla para despedirse. El niño había comprendido que la muerte nunca rompe el amor y que aquellos a quienes se ama viven siempre en el corazón.

Fuentes consultadas: Cristina Muyshondt, tel.: 5206-5601; Raúl Higueros, tel.: 2361-7289.

Recomendaciones: La clave es la honestidad

El niño necesitará franqueza. Si descubre que le mintió, creará desconfianza, no sólo en este tema, sino también en los demás.

No ignore sus dudas. Responda a todas sus preguntas y sea cuidadoso con lo que dice, pues los niños toman todo al pie de la letra.

Si alguien fallece, será natural que pasen por una etapa de duelo: Negación, ira, depresión, negociación y aceptación.

Permita que expresen todo lo que sienten. Que fluya su tristeza o cólera y lo expulse de su sistema.

Si su explicación fue buena, tranquilizará al pequeño. En cambio si le angustió, algo habrá dicho de mala manera. Trate de controlar la situación.

Observe sus juegos. Si éstos giran en torno a la muerte, puede volverse algo obsesivo. Acuda con los especialistas ante cualquier caso extremo.

Los niños, algunas veces, somatizan sus emociones. Podría haber pérdida del apetito, vómitos o mareos. SI ésto se extiende por un largo período, busque la ayuda de los profesionales en salud mental.

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