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Plástica: Expresividad del gesto de las manos II
Por:
Irma de Luján
En artículos anteriores he tratado el tema de la significación del gesto de las manos en la pintura. Esta parte del cuerpo humano es sin lugar a dudas la que con mayor frecuencia aparece en el simbolismo, y por lo mismo puede tener múltiples significados y expresar a la vez aspectos positivos o negativos del ser humano.
Ejemplos sobran, como el gesto de rechazar, asir, bendecir, tal vez por ello es que en muchas culturas la mano aparece con frecuencia como amuleto. En las culturas semíticas, manos y poder son sinónimos de soberanía y por lo tanto es un símbolo regio. La imposición de las manos sobre la cabeza es consagración o bendición. En la pintura y toda su larga historia la mano ha jugado un papel preponderante.
En la pintura flamenca podemos decir que, en los retratos o pinturas religiosas, son un verdadero juego expresivo de manos y miradas, por ejemplo "San Eloy en el estudio" (1449). En este cuadro, San Eloy pesa probablemente un anillo de bodas, sus manos denotan tranquilidad. La izquierda se apoya en la mesa, la derecha sostiene con cuidado la balanza.
La joven, probablemente la novia, vestida con un suntuoso brocado extiende la mano con educada impaciencia, el novio apoya su mano con un gesto familiar sobre el hombro de su novia.
En el cuadro de Georges de la Tour "La buena ventura" (1630) es verdaderamente un juego de miradas y manos en donde se nota en el conjunto una cierta tensión. Un joven ricamente vestido extiende su mano derecha para que una mujer gitana lea en ella el destino del joven. Al lado de él una mujer de perfecta belleza, con una expresión de tensión, corta la cadena del reloj del joven, a la derecha otra mujer hábilmente le roba su dinero.
Todos los rostros reflejan diferentes grados de tensión y concentración, el rostro del joven es de desconfianza y se nota que no quiere extender claramente la mano hacia la mujer. Llama la atención en esta obra la ausencia de relación entre personajes, solamente las furtivas miradas y también las furtivas manos los une por un espacio de tiempo.
En la época moderna, Gustav Klimt (1816-1916) representa la más perfecta depuración del Art- Nouveau. Sí Picasso utilizó para el collage trozos de papel periódico o fragmentos de papel, es decir lo desechable, Klimt utiliza en sus collages láminas de oro.
Si Picasso busca lo perecedero, en Klimt el collaje es un elemento superior, puesto que el oro es incorruptible. El recurso de la utilización del oro en la pintura simbolista, nos hace recordar la rica pintura Bizantina y la del Trecento.
La maestría de Klimt y la suntuosidad la pagó con el precio de la destrucción de lo real. Los rostros de este pintor poseen la belleza de lo próximo a su fin, pero son las manos tal vez lo más alucinante en su obra, son alucinantes a fuerza de precisión mimética.
Freud estudió pacientemente la neurosis de este pintor que llevó la estética normativa a sus límites en el exceso mismo de un fin. Su pintura hiperboliza el simbolismo sexual y son las manos de las mujeres las que mejor lo expresan.
Su modelo Adel posee una manos de dedos largos que se prestan a los arabescos más desconcertantes, esas manos gritan el dolor de la soledad y se retuercen con una furia desbocada sobre un traje de oro y pedrerías, lo que hace aún más alucinante sus gestos. Tal vez las manos más desconcertantes en el arte moderno las encontremos en Guernica de Picasso; por ejemplo la mano del soldado muerto que aún sostiene una espada rota o las manos de las madres tratando de salvar a sus hijos.
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