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EDITORIAL México sigue en la incertidumbre
Los acontecimientos políticos que tienen lugar en México son lo suficientemente serios para el presente y el futuro de ese país como para despertar preocupación por la actitud asumida por la coalición política Por el Bien de Todos, integrada por los partidos Revolucionario Democrático, Convergencia y del Trabajo, y encabezada por Andrés Manuel López Obrador, ex alcalde del Distrito Federal, que amenaza con crear un “gobierno alterno”.
Dos hechos llaman la atención. Uno es el nivel de popularidad del presidente Fox, mayor al que tenía en el 2001, según encuestas realizadas, así como la estabilidad económica nacional. El otro es la lenta pero segura disminución del apoyo popular a López Obrador a consecuencia del bloqueo de sus partidarios a la avenida Reforma y al Zócalo, y también a que legisladores de la oposición impidieron al mandatario pronunciar su último informe al Congreso, el 1 de septiembre.
Todo parece indicar que el Instituto Federal Electoral (Tribunal Supremo) confirmará la victoria del oficialista Felipe Calderón, del PAN, que por un mínimo 0.58% de los votos ganó los comicios del 2 de julio.
Ello provoca otros dos hechos: el primero, que la izquierda es la segunda fuerza política del país, y el segundo, que el PRI, aunque tiene el tercer lugar, a la vez puede recuperar su influencia en el manejo de la nación porque el oficialista PAN necesitará coaligarse con el partido al que derrotó hace seis años para facilitar la complicada tarea política que deberá realizar, y muy pronto, en el siguiente sexenio.
La principal preocupación que comparten analistas mexicanos e internacionales es que el PRD decida mantener sus protestas callejeras y que traten de causar problemas en estos dos meses de que consta el período entre la declaratoria oficial del ganador de las elecciones, que será el miércoles próximo, y el de la entrega del poder al sucesor.
Pero aun cuando el ex alcalde capitalino decida aceptar su derrota, el hecho es que Felipe Calderón no las tiene todas consigo: su mandato es débil a causa de la mínima diferencia entre quienes lo apoyaron y los que escogieron a López Obrador.
Al sumar esta cifra con la de los votantes a favor del PRI, el nuevo presidente Calderón asumirá con más ciudadanos en contra que a favor, hecho que tendrá efectos políticos y de toda índole en el nuevo gobierno.
Otro factor que se debe analizar es la reacción popular ante esta lucha tan frontal entre políticos de diversos partidos, una circunstancia nueva en el horizonte político de un país donde por demasiados años las elecciones fueron un simple requisito técnico para el continuismo, y por ello podrían ser peligrosas las consecuencias.
El pueblo mexicano tiene la tendencia a apoyar a sus autoridades, característica no común en otros países latinoamericanos. Si la toma del Zócalo es rechazada por la mayoría poblacional, con la casi segura confirmación de Calderón se puede iniciar el principio del fin de López Obrador como una figura en la política del vecino país.
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