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EL QUINTO PATIO Buenos y malos
Una preocupación legítima de algunos sectores es la proliferación de criminales infiltrados en organizaciones políticas, con pleno acceso al poder.
Por:
Carolina Vásquez Araya
Importantes sectores de la sociedad han mostrado su profunda preocupación por la presencia de elementos vinculados al crimen organizado y el dinero proveniente del narcotráfico en la actual campaña electoral.
A pesar de haberse denunciado las acciones de criminales con poder político en innumerables ocasiones a través de todos los medios de comunicación -por lo cual el tema no es novedad-, ni el sistema legal ni sus instancias de control han actuado con decisión para impedirlo.
Tal y como se presentan las cosas, parece ser demasiado tarde para detener el avance de la infiltración criminal en el tejido político del país. Al existir resquicios legales creados en función de intereses de grupo, los cuales permiten refugiarse tras la armadura de los antejuicios, los recursos de inconstitucionalidad o tras las debilidades de los mecanismos de fiscalización del origen de sus finanzas, resulta prácticamente imposible establecer límites a esa nefasta influencia.
Para la población, este hecho parece haberse convertido en una parte del paisaje cotidiano, contra el cual no hay protección alguna. Sin embargo, se hace muy necesaria una toma de conciencia respecto de las repercusiones de esta degradación acelerada de la actividad política, al encontrarse prácticamente invadida por elementos antisociales cuyo único afán es establecer un imperio blindado contra la acción de la ley y la justicia.
Por supuesto, este no es un problema a futuro, sino uno que ya ha echado raíces en el sistema nacional. Para constatarlo, basta analizar a cada uno de los funcionarios que ha pasado por cargos de poder político, evaluar su desempeño, comparar su nivel económico con el que tenía antes de asumir el cargo e investigar cuántas denuncias por corrupción ha logrado quitarse de encima de manera poco transparente.
Si el escenario actual es patético, el futuro puede ser aún peor. Por eso, el llamado del Foro Guatemala y de la Conferencia Episcopal, entre otras organizaciones, en el sentido de no votar por candidatos vinculados al crimen o al narcotráfico, tiene una enorme importancia para evitar que esta gangrena continúe socavando la institucionalidad del país.
La población conoce bien a quienes pretenden copar los puestos importantes de sus comunidades. Y a pesar de la amenaza de represalias y el ambiente de incertidumbre que ya han logrado crear algunos de estos sujetos, la ciudadanía debe confiar en el carácter secreto de su voto y en la enorme importancia de hacer uso de su derecho de emitirlo. En este caso específico, el voto es la mejor arma para combatir al crimen, el recurso más válido para liberar a la Nación de su nefasta influencia.
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