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EDITORIAL Mal comienza el ciclo escolar
Ayer ocurrió, de hecho, el primer enfrentamiento de este año entre las autoridades del Ministerio de Educación y el sindicalismo magisterial, con mal resultado para las primeras, porque el ciclo escolar comenzó de manera irregular.
El punto clave de este asunto se refiere a la capacidad real que tienen éstas para controlar y poner orden en el año escolar, un hecho que va más allá de la capacidad de impedir el funcionamiento normal de las actividades de la educación pública.
Se trata, pues, de un problema en el que se mezcla la falta de capacidad de convocatoria y de mando. Si las autoridades educativas habían anunciado por medio de la propia ministra que el ciclo debería comenzar, ahora tienen la obligación de castigar a quienes no lo cumplieron, independientemente de las razones que tuvieran.
En la práctica, lo ocurrido ayer significa que habrá un atraso de por lo menos un par de semanas en el ciclo escolar del país. La gravedad de esto parece ser superior a la capacidad de comprensión de autoridades, maestros, padres de familia e incluso estudiantes.
La holganza de todos los millones de estudiantes significa un eslabón más en la larga cadena de problemas que tiene la educación nacional, ya suficientemente afectada por el inicio tardío del ciclo escolar y por su finalización demasiado alejada del fin del año calendario y por los constantes asuetos directos o indirectos, es decir, aquellos derivados de actividades que pueden ser muy interesantes pero que alejan de las aulas a los estudiantes.
El año pasado fue escenario de enfrentamientos abiertos entre las autoridades educativas y los maestros sindicalizados. La consecuencia fue que salieron afectados todos los estudiantes, a quienes la falta de días de clases les significó materias no suficientemente cubiertas, exámenes de poca profundidad y, en general, desorden.
No se trata de decidir quién tiene la razón o en cuánto porcentaje la tiene, sino de actuar de manera tal que los dos lados comprendan que su victoria es pírrica, ya que de cualquier manera implica desmedro para la calidad de la educación recibida por los estudiantes, afectados por la ausencia de días de clase.
Por ser 2007 un año electoral, cualquier tipo de manifestaciones, paros o similares acciones dedicadas a que sean un forcejeo de autoridad, es particularmente peligroso que se continúen con nuevos casos como el ocurrido ayer. Siempre existe la posibilidad de que haya grupos interesados en beneficiarse políticamente de acciones que pueden terminar en desórdenes, y eso no se debe descartar del todo.
El Gobierno debe tener clara la urgencia de actuar de manera adecuada, para evitar que se repitan otros problemas semejantes a los del año pasado en los casos de los maestros y de los médicos de los hospitales públicos.
Se trata de un asunto político que se debe arreglar con criterios y negociaciones de ese mismo tipo. Tanto autoridades como sindicalistas deben tomar en cuenta que de sus acciones equivocadas pueden derivarse agitación y problemas que afectarán a todos los escolares del nivel público.
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