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Guatemala, domingo 28 de enero de 2007

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Deportes

En el clavo: Exceso
Por: Mauricio Aguilar Chang

Pocos eventos deportivos se pueden definir con una palabra, exceso.

El Super Bowl es tan grande, en ambiente, cobertura, fiestas y personalidades, que necesita dos semanas para poder arrancar, ya que se toma una semana de descanso luego de los partidos por las Conferencias.

En esta ocasión, la ciudad de Miami será la anfitriona del Super Bowl 41. Esta será la novena vez que esta ciudad albergará el evento, con lo que iguala a Nueva Orleans.

Para las ciudades que han sido sedes del Super Bowl, el impacto comercial de un acontecimiento tan grande es impresionante, ya que, por ejemplo, Detroit, generó US$261 millones el año pasado, sólo por haber realizado el Super Bowl 40.

Pero eso no es nada comparado con lo que pagan las cadenas de televisión, CBS, NBC, FOX y ESPN por los derechos para transmitir la temporada, y sobre todo el Super Bowl, ya que sólo para la temporada de 2006, la cual todavía abarca esta postemporada, ellas pagaron un poco más de US$3 millardos. Sí, millardos, no millones.

En cuanto a los anuncios que transmiten en Estados Unidos, no los que observamos nosotros, el año recién pasado se pagaron US$2.5 millones por 30 segundos. O sea, casi Q20 millones por 30 segundos. Y es que las 10 transmisiones de televisión más vistas en el gigante del norte han sido Super Bowls (cuatro, si lo colocamos en los ratings Nielsen).

El entretenimiento del partido también es un exceso. Ahora, el show de medio tiempo estará a cargo de Prince, quien ha vendido más de 100 millones de discos alrededor del mundo, es un miembro del Salón de la Fama de Música, y ha ganado seis premios Grammy. Otro ganador de seis Grammy, y que también ha vendido más de 100 millones de discoss, Billy Joel, será quien cante el himno de Estados Unidos.

No cabe duda, todo esto parece irreal. Pero al final, el Super Bowl no es sólo diversión y excesos, sino que es un evento deportivo, el cual, como todos los demás, posee emoción y drama.

Sin la garantía de Joe Namath, en el Super Bowl 3; la grandeza de Joe Montana; la espectacularidad de Lyn Swann; sin Andre Dyson, de Tennessee, quedándose a una yarda del empate; o sin un Scott Norwood, quien en 1991 falló su intento de gol de campo de 47 yardas con el que los Bills cayeron ante los Gigantes, esto sólo sería un show. Pero es más que eso, mucho más.

El Super Bowl, un evento como ningún otro en Estados Unidos, se jugará el domingo 4 de febrero entre los Osos, de Chicago, y los Colts, de Indianápolis, a las 17 horas, tiempo de Guatemala.

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