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EDITORIAL Violación de ley tiene alto costo
El 18 de junio pasado, la maquila coreana Fribo, de Santiago Sacatepéquez, debió comprometerse en el Ministerio de Trabajo a corregir varias violaciones a las leyes laborales cuyos efectos sufren sus 500 trabajadores, con el propósito de poner fin al boicot a la venta de sus prendas decidido por las tiendas de ropa Kohl’s y Regata, en los Estados Unidos, en protesta por “prácticas abusivas e ilegales” en contra de sus empleados.
Entre las irregularidades imputadas a aquella firma figuran el escamoteo del pago de horas extraordinarias laboradas, la apropiación de los descuentos hechos a los obreros y destinados al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), la falta de sanitarios higiénicos y las tareas bajo presión impuestas a mujeres embarazadas.
La medida dispuesta por aquellos negocios estadounidenses puso de relieve la existencia de problemas laborales y administrativos soslayados por la indolencia del Ministerio de Trabajo y del propio IGSS, pues si fuesen eficientes, debieron haber puesto fin, hace mucho tiempo -como parte de sus obligaciones operativas- a las omisiones e ilegalidades ahora evidenciadas.
El incidente trae a colación una circunstancia empresarial de cierta incidencia en este país, relativa al trato laboral incorrecto, en especial en el ámbito de la maquila, debido, entre otros aspectos, a la falta de fuentes de trabajo, la baja escolaridad de los contratados y la ausencia de controles por parte del Estado.
Pero el caso de Fribo y de otras firmas sujetas en el pasado a sanciones originadas en atropellos laborales, como la impuesta hace algunos años a productoras de banano de la costa atlántica, demuestran el alto precio de evadir las responsabilidades mínimas frente al trabajador y, en general, el cultivo de la mala imagen de responsabilidad empresarial, porque a diferencia del pasado, ahora esos hechos salen a luz pública con relativa facilidad, y son muy sensibles en las valoraciones internacionales del país.
Así como ocurrió en esta ocasión con Kohl’s y Regata, en el mismo EE.UU. y en otros países surgen con cierta periodicidad expresiones de resistencia a la compra de ropa fabricada en Guatemala, porque la suponen producto de la explotación y de afrentas a la dignidad humana.
El empresariado ético y responsable y el Estado guatemalteco deben esforzarse por erradicar aquellas prácticas nocivas, para revertir en el mundo la mala fama de arbitrariedad, ingratamente proyectada sobre toda la Nación, a causa de las actitudes censurables de unos pocos.
Indudablemente, es muy perjudicial para Guatemala la imagen de una sociedad insensible e inculta, en donde impera la ley del más fuerte o poderoso en los ámbitos político o económico.
El café es un ejemplo de buenas prácticas, tanto en la búsqueda de la calidad como en el buen trato y relación entre los sectores patronales y laborales, y el beneficio está a la vista en la excelente cotización de nuestro grano en el mercado internacional. Al contrario, el abuso y la arbitrariedad tienen un alto costo. De esto se ha acumulado suficiente experiencia, como para ignorar las lecciones.
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