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EDITORIAL Las tendencias se mantienen
Tal como lo comentamos ayer en este mismo espacio, los resultados de las últimas dos encuestas efectuadas por la empresa Vox Latina a pedido de Prensa Libre, Guatevisión y Nuestro Diario, permiten señalar con buen margen de seguridad, que las tendencias ya están marcadas y por ello, siempre que no ocurra algo particular e inesperado, es posible predecir el orden de llegada a la meta de los tres principales contendientes, e indicar igualmente que habrá una segunda vuelta electoral, de la misma manera como ha ocurrido desde 1986.
Como colofón a lo expresado ayer, a propósito de la publicación de La Encuesta 4, es importante señalar que los resultados podrían ser distintos de los predecibles, si el día de las elecciones hubiera algún temporal de los que suelen producirse en esa época del año, o si ese día simple y sencillamente llueve muy fuerte y eso ocasiona un ausentismo mayor que el esperado, en especial en aquellas áreas de los departamentos donde los caminos se afectan con el agua y los centros de votación se encuentran alejados de los lugares de residencia de los votantes.
También existe en teoría la posibilidad de una acción premeditada para dificultar o impedir la presencia de votantes, aunque en este momento esto se ve muy lejano en el horizonte electoral, porque no parece haber entidades o grupos que saldrían beneficiados y porque desde el inicio de la actual etapa de democracia electoral, no ha ocurrido nunca y los comicios han transcurrido con toda normalidad y espíritu cívico.
El interés de los analistas electorales en este momento parece estar dirigido a quién de los aspirantes alcanzará el segundo lugar, porque no necesariamente quien gana la primera vuelta repite la victoria en la segunda. La actual interrogante se refiere a analizar a los votantes.
Normalmente, quien triunfa en la primera ronda demuestra cuál es su techo y le es más difícil obtener votos adicionales, pero la puerta está abierta a cambios en esta tendencia como resultado directo de la manera en que los dos finalistas concreten su campaña en esas cruciales semanas entre la primera y la segunda elecciones.
Otra de las peculiaridades de la realidad política guatemalteca puede ser real: la imposibilidad de una victoria para el partido que ganó las elecciones anteriores. No se ha dado hasta ahora y constituye un aspecto que llama la atención a los analistas internacionales, porque lo consideran el resultado del exceso de esperanzas depositadas en el partido que gana una elección. Al no ser convertidas en realidades, se presenta un fenómeno de decepción generalizada que se afianza a consecuencia de los errores, la corrupción, el amiguismo y la incapacidad.
Las elecciones se encuentran a 10 semanas y a 73 días de distancia.
La campaña ha sido de alguna manera percibida por los ciudadanos como carente de emoción, y la constante información de las falencias y errores de los aspirantes y los partidos, más su número exagerado, han generado el alto nivel de indecisión, que puede desembocar en un lamentable ausentismo mayor o en un apoyo inesperado a alguien. Esa es la duda más grande de este proceso electoral.
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