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EDITORIAL El tono de la visita de Bush
Junto con la lista de lugares que visitará el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y los temas que tratará con su homólogo guatemalteco, el 11 y 12 de marzo, ha empezado a conocerse el punto de vista de la administración de ese país respecto del gobierno del presidente Óscar Berger, y de su comportamiento en temas que Washington considera de primordial importancia para las relaciones bilaterales.
Por ejemplo, un informe oficial estadounidense divulgado ayer señala que Guatemala tiene los peores antecedentes en derechos humanos en el istmo centroamericano, a causa de la incapacidad del Estado para investigar las ejecuciones extrajudiciales atribuidas a policías.
La evaluación citada menciona secuestros, ejecuciones extrajudiciales, asesinatos de mujeres, asaltos contra vehículos y la propiedad privada, y otros delitos cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad guatemaltecas.
Para entender qué se puede, en realidad, esperar de la visita del señor Bush, es imprescindible comprender la claridad meridiana de la crítica al Gobierno de Guatemala, aunque ello no necesariamente implica que vayan a ser afectadas las anunciadas sumas de colaboración y de asistencia en temas como educación, salud y vivienda.
Sin embargo, la posición oficial estadounidense manifestada en aquellos informes tendrá efectos en los asuntos de migración, seguridad, adopciones y otros que son de vital importancia para Guatemala, por motivos muy diversos y conocidos.
No se trata, pues, de una visita en la que este país tenga una posición aceptablemente fuerte para solicitar cooperación y asistencia. Las autoridades nacionales se encuentran en entredicho, a causa de que en un penal de máxima seguridad hayan sido asesinados los cuatro policías acusados de haber eliminado a tres diputados salvadoreños al Parlacen.
Y también es conocida la molestia del gobierno estadounidense porque han disminuido los decomisos de drogas ilegales, o cuando éstos llegan a cantidades ridículamente mínimas, como ocurrió en el año 2006.
La visita del presidente Bush tiene relación también, obviamente, con la etapa preelectoral de su país y con los posibles efectos en los comicios estadounidenses. No quiere ser señalado por sus adversarios políticos, particularmente el Partido Demócrata, como un mandatario descuidado con las necesidades de la población latinoamericana necesitada, pero el Gobierno de Estados Unidos no puede quedarse en silencio ante los graves sucesos ocurridos en Guatemala, y se manifiesta en forma más clara que como lo hacen algunos países que siempre han tenido añejas relaciones con nuestra nación.
En esas condiciones, la obtención de resultados tangibles para los ciudadanos guatemaltecos comunes y corrientes, de la visita presidencial estadounidense, constituye un reto para el Gobierno de Guatemala. Dependerá en mucho de la habilidad del mandatario anfitrión y de cómo la Cancillería y la embajada en Washington hayan preparado el terreno para convencer al visitante de la voluntad nacional para resolver los problemas que le interesan a Estados Unidos.
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