|
EDITORIAL Congreso pequeño: efectivo y popular
Conforme se acercan las elecciones, empiezan a surgir temas que despiertan el interés popular y por ello se convierten en temas de campaña. Los políticos están obligados a manifestarse y, además, es de su interés, pero sobre todo no circunscribirse a aceptar la existencia de esos problemas, sino a explicar cómo y cuándo van a solucionarlos. De lo contrario, caen en las mentiras de siempre, esas que han contribuido tanto a desprestigiar a la democracia como forma de gobierno.
Uno de esos temas es el número de diputados en el Congreso. En la actualidad, simplemente son demasiados y en una mayoría lamentable no cumplen con sus tareas, ni existe la percepción popular de que lo hagan.
No es necesario repetir la serie de errores cometidos por quienes están llamados a ejercer la tarea más importante dentro de la democracia, pero sí se debe señalar que la crisis de los parlamentos está presente en casi todos los países.
Como ejemplo, el fin de semana se conoció que el Congreso de Estados Unidos tiene ahora la aprobación de sólo el 35 por ciento de los ciudadanos encuestados, en un descenso de 5 por ciento en un mes, y que en enero estaba en apenas el 32 por ciento.
En el ambiente político de Guatemala se siente el rechazo y la incomodidad de los ciudadanos ante el Congreso, que es visto como refugio de políticos que sólo defienden sus intereses personales y de los partidos, pero no de los ciudadanos, que no se sienten relacionados con quienes los representan, a causa del actual sistema de elecciones.
Hasta ahora ha habido dos referencias al tema de la reducción del número de legisladores: una es la declaración de Álvaro Colom y la otra es un anuncio de la Gana. Los demás no lo han hecho aún y, aunque todavía hay mucha tela que cortar al respecto, el hecho es que ya se está hablando abiertamente del asunto.
Falta ponerse de acuerdo en la manera en que se hará tal reducción, pero vale la pena adelantar criterio de que el más arriesgado es el de reformar la Constitución. Pero ese es otro punto, no relacionado directamente con el que suscita este comentario.
Algunos políticos señalan en privado que el número de congresistas no se puede reducir, pero sí se puede evitar que aumente, debido a que hay una especie de derecho adquirido de los partidos.
Esto es motivo de análisis para los expertos constitucionalistas y para quienes observan los fenómenos políticos desde la perspectiva del espíritu de las leyes, en contraposición a lo que pueda decir la letra muerta de sus artículos. La puerta, entonces, está abierta para la discusión pública de este tema.
La reducción del número de diputados al Congreso es una medida que salva a ese poder del Estado, que ha resultado la víctima directa de todos los desmanes y politiquerías de muchos de sus integrantes durante demasiado tiempo. Un Congreso multitudinario aumenta las posibilidades de ser integrado por personas ineptas o por gente relacionada con la criminalidad.
Por eso urge salvarlo, haciéndolo pequeño y, por ello, con posibilidad de ser efectivo.
|