|
EDITORIAL Muchos llamados, pocos aceptados
Como fiel reflejo de la realidad política del país en un momento determinado, la tercera edición de La Encuesta, publicada anteayer por este diario, es clara en cuanto a poner en evidencia el escaso o nulo conocimiento y respaldo popular para personajes ya oficializados como presidenciables o con intenciones de participar en el proceso electoral.
Dos preguntas de esa medición son clave para determinar quién es quién en el tinglado político: quién es el presidenciable de mayor aceptación, y quién es el más honesto, trabajador, preparado para gobernar, rodeado de gente capaz y con posibilidades de resolver las grandes necesidades sociales del país, entre ellas, las del ámbito de la seguridad, la economía y el desempleo.
Resulta revelador comprobar, respecto de la primera pregunta, que de 18 aspirantes a la Presidencia de la República sólo cinco alcanzan más de dos puntos de apoyo, y en cuanto a la segunda interrogante, es decir, la atinente a la evaluación de capacidades, sólo seis sean vistos, con más de dos puntos a su favor, con preparación para gobernar.
Hay entonces, conforme a la percepción ciudadana, 13 personajes con aspiraciones de gobernante cuyos nombres, rostros, programas y partidos son totalmente desconocidos para los guatemaltecos, y carecen, por ello, de oportunidades de despegar y de mejorar en imagen, cuando restan sólo 105 días para las elecciones generales del 9 de septiembre.
Es pertinente preguntarse qué hace, qué busca y por qué permanece en un proceso electoral alguien cuyos bonos no pasan de los dos puntos de respaldo, pese, en algunos casos, a la copiosa propaganda en torno de su candidatura.
De igual manera, toca los linderos del descaro y el cinismo la tozudez de esas personas de aferrarse a una nominación presidencial cuando los ceros predominan en una medición objetiva acerca de lo que esperan de ellos los sufragantes en campos como la inseguridad, la economía, el desempleo, la honestidad, la capacidad de diálogo y la búsqueda de consensos o cualidades para gobernar.
Hay entre esos presidenciables de papel algunos viejos prospectos de la política, marcados con el fracaso en todas sus incursiones para lograr respaldo popular, y sin embargo, reaparecen para poner a prueba la paciencia o la memoria de los electores, en uso y abuso de un derecho político que les concede la ley.
La amnesia ciudadana para asegurar el olvido de su pasado de fracaso es uno de los escenarios más apetecidos por esos politiqueros para tratar de conquistar simpatías. Algunos han labrado descrédito propio, pero otros cargan con la mala fama y los desaciertos de su partido, cuando alguna vez hicieron gobierno, o con el mal recuerdo de regímenes corruptos, despóticos y libertinos, dejado por correligionarios o familiares.
Unos, muy vivos o sabios, desistirán a tiempo de seguir en la competencia, para no exponer su micropartido a la cancelación oficial como consecuencia de sus malos resultados electorales, pero otros, vanidosos cual son, insistirán en su participación, a la espera de que ocurra un milagro que, sin duda, nunca llegará.
|