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Tres Puntos...: Norman Morales
Por:
Guillermo Monsanto
Este artista ha obtenido varios logros recientes en un lapso relativamente corto. Entre ellos se lista el haber representado a Guatemala, junto a Josué Romero, en la Bienal Internacional de Pintura de Cuenca (Ecuador, abril-junio de 2007).
Simultáneamente alcanzó, en la novena edición del Premio Joven Estampa de la Habana (Cuba, 10 al 19 de mayo), realizada en la Casa de las Américas, una mención de honor. Junto a sus impresiones se colgaron también las de otros guatemaltecos: Plinio Villagrán, Marlov Barrios y Alberto Rodríguez. Además, en abril de este año, el Club Rotario Guatemala Sur le entregó, como premio único, el catálogo retrospectivo de su labor creativa por haber destacado en la Subasta de 2006.
Norman Morales nació en 1979. Hacia 1998 obtuvo el primer reconocimiento en la Bienal de Arte Paiz: un Glifo de Plata, categoría general, recibido por una obra que se aleja abismalmente de sus motivos y cualidades formales actuales: Causas y Azares. Inmediatamente después parece tomar una conciencia respecto a lo figurativo y el entorno en el que lo define. De descuidar la aplicación de pigmentos y la corrección anatómica, pasa a incursionar en lenguajes contemporáneos, valiéndose de herramientas más refinadas.
Tempranamente Morales respondía a sus ideales de belleza tomando información de producciones renacentistas y neoclásicas. Estos motivos, empalmados con otros sujetos actuales, remataban ideas y consolidaban iconografías que ya se identifican como propias por la manera coherente en que las utilizaba.
En algunas pinturas intermedias (2003-2004) se enfocó en la creación de series de columnatas secuenciadas. Todas dan la impresión de haber sido estampadas sobre los soportes cuando, en realidad, fueron delineadas a mano alzada.
Más adelante, con otras temáticas y variaciones cromáticas, crea nuevas series de trabajos que aparecen en exposiciones colectivas y en la diversidad de certámenes en los que ocupó puestos distinguidos. En algunas obras (2005-2007), antes de iniciarse en el grabado, trabajó lo gestual a base de chorreos, dejando concentraciones al azar para producir distintas atmósferas, que pese a su oscuridad, poseen esencia esteticista por los ritmos manejados.
La necesidad de seguir expandiendo su campo expresivo le llevó a buscar las posibilidades que esta antigua técnica le podía ofrecer. De este modo Norman Morales se encontró de frente con posibilidades que fortalecían sus pensamientos creativos a partir de lo que ya manejaba con soltura. Para aquel año era visualizado como grabador y vital de una disciplina poco conocida por los gestores, promotores y periodistas culturales del nuevo siglo.
La técnica, pese a la sorpresa con que fue recibida en el medio neófito, estaba muy arraigada dentro de la producción guatemalteca en los siglos XIX y XX. La Torana (grupo al que pertenece Morales) y otros artistas la trajeron, de nuevo, a un primer plano. De allí que la primera convocatoria del Salón del Grabado (2005), haya despertado un interés poco usual para las artes nacionales.
Como grabador Morales está rompiendo estatutos al mezclar, inteligentemente, diversidad de elementos a los que sabe dar tintes formales. Su producción completa se percibe existencial y en cierta forma, introspectiva.
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