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Werner Ovalle López
Por:
Nancy Arroyave
Cuenta Roberto Arias, columnista de La Hora, que cuando en Europa le preguntaron a Miguel Ángel Asturias quiénes eran, a su juicio, los más insignes poetas latinoamericanos del momento, él respondió más o menos así: “Puedo mencionar a Pablo Neruda, chileno, y después, para orgullo mío y de mi país, a Werner Ovalle López, quetzalteco, de Salcajá”.
Así de grande es la figura literaria de este guatemalteco que supo combinar su humanismo y su vena literaria en la medicina y la poesía.
Ovalle López (1928-1970) demostró desde temprana edad su inclinación por las letras. De ahí que antes de ser médico se convirtiera en el poeta laureado de los Juegos Florales de Quetzaltenango en 1948 y 1950, hazaña que lograría también en 1960 cuando ya tenía el título de galeno. Esto lo convirtió en el primer Maestre del Gay Saber de esas justas literarias. A este título se sumaría ese mismo año la Orden del Quetzal.
Fue columnista, conferenciante sobre Salud Pública, dentro y fuera del país. Como médico, según Arias, “a los muy pobres que llegaban a su consulta les daba dinero para su pasaje de ida y vuelta a San Juan Sacatepéquez (donde trabajó mucho tiempo), no les cobraba, les proporcionaba muestras médicas y, o les daba dinero para que compraran la medicina”.
Su deceso tomó por sorpresa a familiares y amigos, pues falleció a los 42 años. Sin embargo, comenta el doctor Fernando Girón, “su nombre perdura en varios Institutos, Bibliotecas y Centros de Salud porque es aún un orgullo para nuestro país”.
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