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Guatemala, viernes 05 de octubre de 2007

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Opinión

VENTANA
Pues, sí, doña Gladys

Si formáramos parte de esa fábrica de ladrillos plásticos, ¡qué enorme producción, sin costo alguno!
Por: Rita María Roesch

Eran las dos de la tarde. Carmen –una amiga mía– y yo veníamos de Escuintla cuando, después de una curva, en el km 23, apareció frente a nuestros ojos la escena dantesca de la ladera del barranco que bordeábamos, convertido en un nauseabundo basurero.

Vimos, por lo menos, seis camiones y a varios hombres descargando la basura pestilente. El hedor se extendía varios kilómetros a la redonda, contaminando el ambiente. Los zopilotes revoloteaban en el cielo. Y lo peor de todo es que distinguimos, entre las montañas de basura, gente que estaba escarbándola. “Escenas como esas las vemos en los países sumidos en la miseria…”, susurró el Clarinero.

Estoy segura de que ustedes, estimados (as) lectores (as), han visto ese asqueroso basurero por lo menos una vez. Yo, cada vez que viajo por esa carretera, observo cómo ha ido creciendo.

Al dejar atrás la espantosa escena, Carmen me dijo: “Te cuento que mi hijo Sebastián, de 7 años, no deja el chorro del agua abierto cuando se lava los dientes, y cada vez que tengo envases plásticos, los guarda para llevárselos al colegio”. (Imaginé a Sebastián llevando su lonchera en una mano y en la otra una bolsa con envases plásticos). “El colegio Metropolitano”, continuó Carmen, “como el colegio Montessori, ya están reciclando la basura”. “Felicita a Sebastián, motívalo para que siga ayudando”, le dije. Nadie mejor que los niños para cuidar el futuro de Guatemala. “Los niños, cuando cobran conciencia de un problema, sí se toman en serio la tarea de resolverlo”, dijo el Clarinero.

Me vino a la mente Susana Heisse, rellenando las botellas plásticas con desechos secos y mostrándoles a los niños y a las niñas cómo hacerlo en la comunidad de San Marcos La Laguna, en el Lago de Atitlán.

La imaginé como una mariposa que, desde hace tres años, batió sus alas en Atitlán y generó un huracán que ya llegó a la capital. Para quienes no conocen la tarea titánica que Susana se ha propuesto (es alemana de origen, pero chapina de corazón), les cuento que ella fundó una organización que se llama Pura Vida, con el fin de salvar de la basura a la comunidad de San Marcos.

Luego de la catástrofe de Stan, que dejó sin hogar a cientos de familias en esa zona, Susana tuvo el chispazo de usar las botellas plásticas rellenas de desechos plásticos como “ladrillos” para construir viviendas para las familias que habían perdido su hogar. El modelo es innovador y cumple varias funciones a la vez: limpia el medio ambiente, genera vivienda y crea conciencia del manejo de la basura en la gente, especialmente, en los niños como Sebastián.

Dedico la columna de hoy a las niñas y niños chapines que, como Sebastián, están poniendo su granito de arena para evitar que Guatemala se convierta en un basurero gigantesco, y a doña Gladys. Doña Gladys es una estimada lectora que me escribió una fina carta, después de haber leído mi artículo “No ensucies mi futuro”. Esa columna se refería a la plática que impartió Susana a los (as) niños (as) de cuarto grado de primaria en el colegio Montessori.

A continuación, cito un párrafo de la carta de doña Gladys: “…no sé si le es permitido sacar dos veces un mismo artículo; sería formidable leerlo de nuevo y recuperar mucha información sobre la persona de esta iniciativa y el lugar donde ya existen casas de este tipo, y promover una campaña nacional con todos los estudiantes y otras personas que sientan el deber de involucrarse para esta innovadora forma de reciclaje. Imagínese si todos formáramos parte de esa fábrica de ladrillos (hechos con botellas de plástico), ¡qué enorme producción y sin costo alguno!

Pues, sí, doña Gladys; imagino que Guatemala sería otro país si todos los chapines separáramos la basura desde nuestros hogares y si colaboráramos rellenando las botellas plásticas para construir casas.

Pero anímese, ese sueño suyo que propone de llevar a cabo toda una campaña nacional también lo tienen Susana y el grupo de personas que cada día se suman a la causa de liberar a Guatemala de la basura.

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