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COLABORACION Fe en Guatemala
Quizá la mejor lección que podemos tener del éxito de Carlos Peña es que nadie tiene todas las respuestas consigo.
Por:
José Miguel Argueta
En medio de la violencia y la desesperanza, es necesario reconocer que la fe cura. No tanto porque haya una experiencia sobrenatural sobre la realidad, sino porque nos cohesiona y nos vuelve interesados en una causa común.
Tener fe es tener propósitos. Nuestras intenciones, deseos, la férrea voluntad chapina, los anhelos de vivir bien y lograr el bienestar de la comunidad, las ambiciones personales, las aspiraciones, los fines y las determinaciones marcan positivamente nuestro efecto hacia el éxito.
Una de las maravillosas experiencias de los últimos días ha sido la oportunidad de convivir y disfrutar como guatemaltecos las experiencias comunitarias de alegría, tales como la bienvenida dada a Carlos Peña, pues fueron los jóvenes, con su entusiasmo, su fe y su participación, los artífices del éxito.
Me fascinó ver niños y jóvenes compartiendo de manera comunitaria. Todos ellos, de una forma u otra, desean ver un país libre de violencia y con metas altas hacia el futuro. También ellos pertenecen a la esfera que promueve, con sus inquietudes, un mejor país y demuestran que pueden interesar al mundo por Guatemala, su gente, sus valores y sus acciones positivas.
Quizá la mejor lección que podemos tener todos del éxito de Carlos Peña y el apoyo de su país es que nadie tiene todas las respuestas consigo. Nadie puede sobresalir si no hay una cooperación social.
La cooperación es el bálsamo que lubrica la maquinaria del cambio.
Mientras los guatemaltecos eran enfrascados con la millonaria propaganda electoral para interesarlos por una causa común, es un joven el que logra la unidad y el apoyo moral, económico y social de tantos y tantos jóvenes chapines y no chapines.
La colaboración, contribución económica, participación, reciprocidad y apoyo surtieron efectos inmediatos: unir a la nación más importante de Centroamérica.
También ese acontecimiento nos deja una enorme lección de humildad. No somos los adultos –que, en el ocaso de la vida, creemos que podemos dirigir la mentalidad de los jóvenes– quienes tenemos todas las respuestas. La influencia, la unión, el compromiso superan las inhibiciones, el desinterés o el abandono por cultivar relaciones fraternales unos con otros.
Creo que desde ahora tenemos que hacer frente a retos y desafíos. Si los jóvenes, que son los menos influidos negativamente por la mentalidad dominante, pueden creer en un cambio, todos los demás que venimos atrás podemos crear mejores perspectivas, si los exhortamos y animamos.
Hay líderes en Guatemala que tienen interés en hacer patria, que no se dejan amilanar por los procesos políticos sino que, con su deseo tesonero, están dispuestos a mejorar las condiciones de todos.
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