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EDITORIAL Un preocupante enfrentamiento
Las bancadas de los partidos Patriota y Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) se enfrascaron el miércoles, dentro del hemiciclo del Congreso, en un enfrentamiento cuyo resultado práctico fue dejar para el día siguiente la aprobación de dos préstamos internacionales valuados en Q463 millones, que serían destinados al financiamiento de proyectos de desarrollo rural.
Este atraso despierta la preocupación de los analistas, porque si bien es políticamente válida la decisión de la UNE de abandonar el hemiciclo con el fin de romper el quórum, lanza un mensaje negativo a la población, porque es imposible dejar de tomar en cuenta que se trata de una etapa electoral donde cualquier acción es vista como una maniobra para obtener votos, aunque se pueda afectar a mucha gente.
El asunto se empeoró porque, ese mismo miércoles, diputados de la Gran Alianza Nacional también participaron en la discusión que convirtió al Palacio Legislativo en escenario de gritos y pataleos, en abierto choque entre los que serán –dentro de poco tiempo– el partido oficial y el principal grupo de oposición; pero, sobre todo, el modo en que se hizo abre la duda acerca de cómo actuarán ambas agrupaciones a partir de cuando tome posesión el próximo gobierno, el 14 de enero del 2008.
Es necesario analizar la validez del criterio de los uneístas, quienes afirman que tenían un acuerdo previo para discutir, después de los comicios, una nueva ley de adopciones, engavetada desde septiembre del 2005, y que contiene una serie de partes dignas de análisis, a fin de impedir un instrumento legal que tenga errores de cualquier tipo.
El criterio de la UNE tiene entonces buena base, pero por otra parte su estrategia de romper el quórum constituye una decisión peligrosa.
El riesgo se debe al modo en que la mayoría de la población percibe estas maniobras políticas. Los partidos, en general, no gozan del aprecio y del respeto de la ciudadanía, que los considera refugios de personas con poca capacidad para ejercer puestos como una diputación, y que además, en forma mayoritaria, integran un séquito de admiradores y seguidores de un autonombrado líder político.
Esta perspectiva popular no es vista en el interior del Congreso, cuyos integrantes parecen estar abandonados en un mar de desconocimiento sobre la verdadera naturaleza de sus funciones.
Visto este caso a la luz de lo que ocurrirá en el país durante el nuevo gobierno, todo parece indicar que el parlamento se convertirá en escenario de enfrentamientos basados en la idea de impedir a toda costa la tarea del Ejecutivo.
Esto de ninguna manera constituye democracia, sino podría ser el primer paso en el rumbo de una ingobernabilidad cuyas consecuencias solo pueden ser negativas. “La política es el arte de lo posible”, dice un refrán, y los acuerdos son parte integrante, pero en Guatemala, a causa de lo ocurrido tantas veces, este término se equipara al de contubernio.
Estas fricciones solo afianzan ese criterio, que disminuye aún más el prestigio del Organismo Legislativo y de sus integrantes.
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