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EDITORIAL El altísimo costo de las campañas
La campaña electoral que terminará en dos semanas se encamina a ser la de costo más alto de toda la historia nacional.
A los 690 millones de quetzales gastados por los partidos, según cálculos de la entidad Mirador Electoral, se une el cuantioso gasto de 15 millones anunciados por los partidos, solamente para el 4 de noviembre, día de la elección definitiva.
La suma total de lo gastado en el proceso electoral es imposible de conocer. Se puede saber aproximadamente el monto del dinero destinado a los partidos políticos y a las candidaturas presidenciales.
Pero no es lo mismo con los montos que cuestan las campañas de los alcaldes de los municipios de los departamentos ni la totalidad de lo gastado por los partidos para llevar a sus allegados al Congreso de la República.
En lo referente a los gastos, esta campaña tuvo características propias. La primera fue la etapa entre el 1 de enero del 2006 y el 1 de mayo del 2007, conocida oficialmente como “precampaña”.
Prácticamente, la totalidad de los aspirantes a la Presidencia de la República hicieron caso omiso de las débiles recriminaciones del Tribunal Supremo Electoral, y se lanzaron a la campaña abiertamente, con toda impunidad y desfachatez.
Los principales llamados a obedecer al TSE, es decir, los candidatos y los partidos, se convirtieron en sus principales burladores, dejando así un claro mensaje de irrespeto al ordenamiento jurídico electoral del país.
En esa etapa fueron gastados, según Mirador Electoral, casi 205 millones de quetzales. En la etapa de campaña oficial la suma alcanzó casi 485, lo cual indica que para los partidos principales esa etapa inicial fue considerada parte de la lucha electoral.
Ahora, los partidos Patriota y Unidad Nacional de la Esperanza expresaron que gastarán 11 millones y cuatro millones, respectivamente, en el pago de transporte de los votantes, comida para sus representantes en las mesas, etcétera.
Cualquier ciudadano, independientemente de su situación económica, académica o social, sabe que gastarse 16 millones en un solo día no es precisamente una buena noticia.
Ese dinero debe salir de alguna parte, y no son precisamente donaciones de muchos ciudadanos que dan unos cuantos quetzalitos, sino son sumas muchas veces millonarias, provenientes de grupos económicos poderosos que lo consideran una inversión que será pronto la razón de altos réditos por granjerías y toda clase de corrupción y de tráfico de influencias.
Por ello es muy común que un mismo grupo le otorgue dinero a varios aspirantes, sobre todo a los dos que se enfrentan en segunda vuelta.
La democracia financiada de esa manera tiene en su seno las semillas de su propia destrucción. Los ciudadanos se dan cuenta de la relación del precio de las campañas con las decisiones posteriores, que son sospechosamente beneficiosas para un determinado sector o persona.
Nunca hay un almuerzo gratis, dice el adagio. Y pensar que la política es la excepción, resulta ser una prueba de total ingenuidad
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