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Viven secuelas de violencia
Una turba obligó a dos supuestos ladrones a enfrentarse: uno de los dos tenía que morir
Por:
César Pérez
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| La plaza de San Martín Jilotepeque se mantiene en calma un mes después de la violencia que dejó como resultado un hombre muerto. Foto Prensa Libre: César Pérez. |
San Martín Jilotepeque /.-El 16 de agosto recién pasado, los vecinos de esta localidad fueron testigos de una brutal pelea, al estilo del circo romano, en que dos hombres fueron obligados a pelear, a cambio de no ser linchados por una turba.
Un mes después de los hechos, la comunidad aún no se repone del trauma que le dejó ese acto de barbarie, aunque insiste en que es la única solución para frenar la delincuencia.
Comerciantes citaron que ha habido daños para el pueblo, pues ventas y turismo han disminuido; además del daño sicológico que sufren los niños, que viven pensando en la violencia.
Desprotegidos
El día del linchamiento, en la subestación de Policía sólo había un elemento; otros dos patrullaban en motocicleta, cuando fueron alertados de lo que ocurría en la plaza. Los motoristas se acercaron temerosos y pidieron apoyo a otras estaciones.
La subestación no tenía patrulla ni línea telefónica. En hechos como ese, varios factores coincidieron, como el que temen por su vida ante la falta de equipo y de personal.
Presa del temor
Hoy, los vecinos se han organizado en comités de seguridad, pues temen que desconocidos impulsen la violencia.
Después de las 20 horas, imponen una especie de toque de queda y cualquier persona puede ser sometida a registros e interrogatorios.
El gobernador departamental, Alejandro Jarquín, dijo que a consecuencia de lo ocurrido coordinó con el alcalde y la PNC para que se repare la patrulla que está fuera de servicio. Además, el comisario Robbyn Solares insistió en que es necesario que la población colabore con la Policía.
Ingrid Sucup, del Centro de Justicia, aseguró que los linchamientos son el reflejo de la falta de confianza por parte de la población hacia las autoridades.
Postura: Mata para vivir
El jueves 16 de agosto, tres desconocidos secuestraron al concejal Armando Velasco y se dirigieron, por equivocación, hacia la aldea Xezuj, donde el funcionario fue auxiliado por los lugareños.
Allí fue detenido Edwin Leonel Chonay, de 21 años, quien fue amarrado y golpeado por una turba. Minutos después, Benito Barán, 38, fue señalado de estafa y también fue vapuleado.
Finalmente, la turba decidió que ambos debían enfrentarse a golpes hasta que uno de los dos muriera.
Chonay asfixió a Barán con la misma cuerda con que los habían atado a ambos y después lo quemó.
Tema: Pierden identidad
Nelly Gómez, sicóloga de la Oficina de Atención a la Víctima del Ministerio Público, expresó que quien sobrevive a un linchamiento pierde su identidad social.
Agrega que linchadores y espectadores del hecho también son afectados por las secuelas de esa violencia.
Quien participa en un hecho de esa naturaleza, ¿lo podría volver a hacer?
Con facilidad. Se convierte en persona antisocial, criminal y despiadada. Pierde los valores humanos.
¿Cómo evitar que vuelvan a participar en un linchamiento?
Lo que ocurre es que un desorden mental crea un resentimiento personal, lo cual los obliga a comportarse de forma violenta, sin importarles el daño que ocasionen a los demás.
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