Guatemala, 10 de abril de 2008

INDEPENDENCIAParticipación ciudadana (3)Juan Callejas Vargas

PERSPECTIVASEs posible el futuro prometedorRenzo Lautaro Rosal

IDEASSin esperanzaJorge Jacobs A.

ALEPHLa narcoilusiónCarolina Escobar Sarti

REFLEXIONESAquí no pasa nada...Frank La Rue Lewy

PERSISTENCIAMargarita CarreraGuerra sin batallas
Una Guerra sin Batallas:Del ocio, la violencia y el miedo en el Ixcán y el Ixil, 1972-1983, de Roddy Brett y con un prólogo de Edelberto Torres-Rivas, se presenta el día de hoy en el Centro Cultural de España. Este libro, editado por F&G, estudia la violencia durante el conflicto armado en Ixil e Ixcán, regiones en el norte de Quiché. Tal estudio va desde el levantamiento armado en dicho departamento en 1972, a la caída de Ríos Montt en agosto de 1983, con mayor énfasis en el período entre 1978 y 1983. No se trata de un nuevo enjuiciamiento al terror sembrado por el Estado guatemalteco a través del ejército; se trata de un análisis sobre cómo y por qué surgió la guerrilla en Ixil e Ixcán y cuáles eran sus estrategias al tratar de adoctrinar a sus habitantes, la mayor parte indígena. Las condiciones en que éstos vivían eran tierra fecunda para sembrar el movimiento revolucionario, basado en el discurso marxista-leninista; en menor grado, se tuvo como base lo étnico.
En 1972, el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) eligió el Ixcán, en donde tenían lugar las cooperativas, las que ayudaban a los indígenas a salir de su pobreza. El autor trata de responder a tres preguntas clave: “¿Cómo consolidó la guerrilla el apoyo de la población civil en el área? ¿En qué forma colaboró la población civil con el EGP? ¿Por qué dio la población civil del área su apoyo a la guerrilla?” Se trataba de incorporar a las masas indígenas para crear frentes guerrilleros en el occidente y noroccidente del país. Para convencerlos se les hablaba de la pobreza, el hambre y la explotación. Temas que hacían referencia a verdades indiscutibles, suficientes para que la insurgencia ganara el apoyo de los indígenas.
Al principio, les hablaban y al mismo tiempo les compraban comida. Al darse cuenta el ejército de la presencia insurgente en dichos lugares, cuestionaban a sus pobladores y los amenazaban. El libro se desarrolla con base en entrevistas. Un campesino de Cuarto Pueblo narra: “En este tiempo, la guerrilla no llegó y no sabíamos qué era ‘guerrilla’. Escuchamos del ejército que la guerrilla iba a llegar. Nos dijeron los soldados ¿son guerrilleros ustedes? Pero no entendíamos. Dijeron que la guerrilla iba a matarnos, quitarnos la carne y comerla. Dijeron, ¿son comunistas? Pero no entendíamos qué eran comunistas tampoco. ‘Tienen un pensamiento malo’, nos dijeron. Pero nosotros nos dimos cuenta con el transcurso del tiempo que eso no era un pensamiento malo, de hecho era una visión para defender el derecho de uno”.
En 1978 la guerrilla empezó a violentar a la gente para que acudiera a sus mítines. “Siempre tuvimos miedo de las represalias de la guerrilla si no atendíamos sus mítines”, dice otro entrevistado. Cuando llegaba el ejército a los poblados en donde había estado la guerrilla, los acusaban de ser guerrilleros. En medio de dos fuerzas antagónicas, los indígenas tenían mucho temor. Después de los mítines de la guerrilla, llegaba el ejército. Con su ayuda liberaremos al país, decían los guerrilleros y les enseñaron a usar armas y a pelear. Pero por los 80 la guerrilla también amenazó a la gente y llevó a cabo asesinatos y ataques en contra de la población civil por colaborar con el ejército. Brett recurre al Remhi: el Frente Guerrillero Che Guevara fue citado por muchos testimonios como ‘responsable de los ajusticiamientos los más crueles de la guerrilla (…)’”.
A partir del 1 de octubre de 1981, empezó la política contrainsurgente de tierra arrasada. El ejército es culpable de las peores violaciones a los derechos humanos: genocidio, masacres, torturas. Todo ello, fríamente calculado y dirigido por el Estado de Guatemala. “(…) Los lobos se matan entre sí. Pero en Guatemala fue el Estado el que asesinó al ciudadano, lo atemorizó, utilizó políticas de terror y creó una sociedad con miedo (…)”, nos dice en su prólogo EdelbertoTorres-Rivas. Agrega que al ser humano lo mueven la violencia y la cobardía. Cita a Freud al referirse a la pulsión de muerte.
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