Guatemala, 27 de abril de 2008
La ausencia de un programa nacional eficiente para el combate y la prevención del consumo de drogas se traduce en efectos negativos sobre el sistema de salud nacional y un costo irreparable en vidas
Guatemala es la principal zona de aterrizaje de aeronaves privadas que
trafican cocaína de Colombia a los Estados Unidos —para aprovechar centenares de pistas ocultas—, y también sirve de punto de tránsito de los buques de carga que transportan cocaína con destino a Europa.
Cuenta con puertos en el Pacífico y en el Caribe, así como grandes zonas selváticas en la frontera con México, por lo que resulta ideal para almacenar la cocaína destinada a ese país y evitar el escrutinio de los servicios de represión.
Guatemala aparece citada a menudo como país de origen de marihuana procedente de América Central; además, es uno de los países donde se sigue dando el cultivo de adormidera, aunque en menor grado.
“Hasta el momento, no hay política definida; sin embargo, ya estamos trabajando en ella. Es preocupante, y es responsabilidad de todos, no solo del Gobierno”.
Édgar Camargo, secretario ejecutivo de la Comisión contra las Adicciones y el Tráfico Ilícito de Drogas (Seccatid).
“Los vacíos —materiales, espirituales y de afecto—, combinados con el fácil acceso, hacen vulnerables a los guatemaltecos, que en la mayoría de casos son niños o adolescentes”.
Marco Antonio Garavito, Liga Guatemalteca de Higiene Mental.
Guatemala carece de políticas para evitar que el consumo de sustancias aumente. (Foto Prensa Libre: Archivo).
Por alejandra Álvarez y Myriam Larra
La falta de políticas públicas orientadas a combatir el consumo de drogas y la facilidad para conseguirlas a bajo precio en el territorio nacional hacen que Guatemala esté a la cabeza en Centroamérica en el consumo de marihuana —nueve de cada cien— y cocaína —dos de cada cien—, según estudios internacionales. Aunque los índices de prevalencia no son muy altos, si se comparan con países de Europa, el consumo va en alza, como lo confirman las líneas locales de asistencia a adictos, que reportan un promedio de cien llamadas diarias de personas que piden ayuda.
El trasiego de drogas en el país rumbo al norte, la producción nacional, la influencia de la televisión y la pérdida de valores entre los jóvenes hace que en los últimos años se haya incrementado considerablemente el consumo de drogas, según informes de la ONU del 2007.
Cada día son más los jóvenes y adultos que pueden adquirir cocaína, marihuana, crack, éxtasis, opiáceos y anfetaminas, en cualquier lugar del país y de muchas maneras distintas.
Édgar Camargo, secretario ejecutivo de la Comisión contra las Adicciones y el Tráfico Ilícito de Drogas (Seccatid), asegura que el consumo en algunos departamentos, como Sololá, Guatemala y Quetzaltenango, se ha incrementado considerablemente.
En la capital, son cada vez más los lugares donde cualquiera puede conseguir droga, sin que eso implique ingresar en zonas rojas o barrios conflictivos.
La Policía Nacional Civil confirma la existencia de puntos de distribución de droga en bares de la zona 1, centros nocturnos de la Zona Viva y del Distrito Cultural 4 Grados Norte.
Los vecinos de esos barrios se quejan de la existencia de distribuidores y aseguran que las transacciones aumentan día con día; comparado con otros países, consumir drogas en Guatemala es relativamente barato.
Mientras que en Europa el gramo de cocaína puede costar hasta US$100, en Guatemala apenas alcanza los Q100. Una onza de marihuana se puede conseguir en Q100, el crack a Q100 la piedra y Q200 una pastilla de éxtasis.
Un trabajador de Cuatro Grados Norte cuenta cómo los puntos de venta se encuentran en las calles alternas al circuito principal. “Hay cuidadores de carros, chicleros e incluso niños que venden algún tipo de droga. Lo que más se mueve por aquí es la cocaína y la marihuana”.
Según explica, hay algunos bares que, por temporadas, organizan fiestas con música electrónica, a las que asisten menores de edad, como también ocurre en otros centros nocturnos.
Según denuncian los vecinos, esos fenómenos impactan de manera negativa en el lugar, ya que lejos de mantener su imagen de “distrito cultural”, Cuatro Grados Norte se ha convertido en un barrio en el que los jóvenes y los adolescentes tienen al alcance drogas y licor, sin ningún tipo de restricción.
Marco Antonio Garavito, director de la Liga Guatemalteca de Higiene Mental, comenta que el tema ya ha sido tratado por sus colaboradores, quienes han reunido testimonios de los jóvenes que han sido observados consumiendo algún tipo de droga en el sector.
“Vienen de familias desintegradas, con muchos problemas o, por el contrario, reciben demasiada atención y recursos, pero poco afecto. Estamos preparando un plan encaminado a ayudar a estos muchachos”, anunció.
Garavito critica que las agendas de Estado sigan sin considerar a la niñez y a la juventud como prioridad de inversión: “Esto, lejos de mejorar, está decreciendo; incluso desde las iglesias, los proyectos sociales se han debilitado”.
Camargo, por su parte, se lamenta de que a nivel gubernamental el tema haya estado descuidado en los últimos años, y aunque reconoce la necesidad de planes de rehabilitación dirigidos a personas afectadas por las adicciones, aclara que se debe poner atención al porcentaje de la población que podría caer en uno de esos vicios. “Los mensajes tradicionales ya no son adecuados, se necesita una nueva estrategia de comunicación”, enfatizó.
Para Garavito, los problemas en el seno familiar y la falta de oportunidades de superación provocan en el guatemalteco un sentimiento de frustración, que de no ser controlado, convierte a quien lo padece en una persona vulnerable ante la amenaza de las adicciones. “Con mayores niveles de insatisfacción, la alternativa de las adicciones se convierte en una oportunidad de llenar vacíos”, explicó.
Un ejemplo del aumento de consumo es el número de llamadas que recibe a diario el Patronato Pro-rehabilitación del Drogadicto en Crisis; esa organización tiene el número 1545 disponible las 24 horas para atender a personas con problemas de adicciones o depresión. Diariamente, recibe un promedio de cien llamadas, principalmente de jóvenes y adolescentes. Según uno de los operadores consultados, cuya labor es anónima, las llamadas provienen de toda la República, y en la mayoría de casos se trata de problemas familiares.
Según otro de los operadores, a los jóvenes se les brinda una pequeña terapia telefónica y se les proporcionan datos de los centros de rehabilitación a los que pueden acudir. Sin embargo, todo tiene un costo, lo que hace evidente la necesidad de un programa nacional cuyo objetivo fundamental sea prevenir la adicción como fenómeno social y mediante el cual se brinde información acerca de las drogas, su clasificación, sus efectos nocivos y tratamiento al paciente y a su familia.
Estudios nacionales y mundiales revelan que, desde 1998, el uso de cocaína y marihuana en el país se incrementó entre 40 y 55 por ciento. Los estudios efectuados por Seccatid, entre jóvenes y adolescentes de 12 a 20 años, el 52 por ciento ha bebido alcohol, 44 por ciento ha fumado tabaco, al menos un menor ha usado crack, dos han consumido inhalantes o cocaína, cuatro han fumado marihuana, ocho han probado estimulantes y 18 han usado tranquilizantes.
Para los jóvenes de ciertos estratos de la sociedad con capacidad adquisitiva, las modalidades de compra y venta de crack, éxtasis o cocaína han variado grandemente en los últimos años.
Hoy, es común escuchar que compran crack, éxtasis o cocaína por Internet o por teléfono celular. El servicio “a domicilio” está de moda. Los jóvenes ya ni siquiera tienen que salir de sus casas para conseguir la droga; alguien las lleva a la puerta.
Expertos consultados aseguran que el uso y abuso indiscriminado de drogas tiene un impacto fuerte y negativo sobre el sistema de salud nacional.
También hay un costo irreparable en vidas humanas como consecuencia de accidentes de tránsito en estados alterados o por actos de violencia, que en la mayoría de casos van ligados al uso y abuso de drogas.
Estudios de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas de la Organización de Estados Americanos (OAE) indican que la edad de inicio del consumo de drogas es, en promedio, a los 13 años, y la mayoría de los consumidores tiene su primer contacto con las drogas ilícitas durante su vida escolar.
Ese grupo constituye uno de los mas vulnerables al consumo, y también donde los programas preventivos pueden ser más eficientes y aplicables. Es por ello que la Seccatid recomienda la sistematización de actividades de prevención en currículos educativos y las intervenciones específicas de prevención del consumo de alcohol y tabaco en la población estudiantil.
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