Guatemala, 29 de enero de 2008

DE MIS NOTASImpacienciaPor Alfred Kaltschmitt

HOMO ECONOMICUSDicho y hechoPor José Raúl González Merlo

PUNTO DE ENCUENTROSentencia de impunidad (II)Por Marielos Monzón

WACHIK´AJCien días para juzgarlosPor Martín Rodríguez Pellecer

SIEMBRASindicalismo negativoPor Carlos Enrique Zúñiga Fumagalli

POR QUÉ SUBDESARROLLADOSEjerciendo el poderPor Jaime Francisco Arimany Ruiz
El mes pasado asumieron sus cargos los nuevos miembros del Congreso, y el día 15, el nuevo presidente de la República con su vicepresidente y sus nuevos ministros.
Desde antes de esa fecha, los diferentes grupos de presión estuvieron proponiendo titulares para los diferentes cargos en el nuevo gobierno; ello es válido, si se concreta en mencionar a personas que, a su buena voluntad, como patriotas, piensan que están bien preparados para ocupar un puesto público. Sin embargo, debe quedar claro que un gobernante electo por la población no tiene que dejarse imponer a ningún funcionario. Los que dimos nuestro voto, lo hayamos dado o no por el ganador, debemos aceptar al equipo que propone el nuevo equipo de gobierno, a través del presidente; salvo que hubiera un funcionario que tuviera cuentas pendientes con la ley, en cuyo caso no somos los ciudadanos, sino los miembros del tercer poder, el Judicial, quienes deben impugnarlo.
El gobernante no tiene compromiso con ningún grupo o persona en particular; quien lo apoyó, debería haberlo hecho pensando en que era el mejor candidato para su pueblo. Si lo hizo para obtener prebendas, estaba equivocado, perdió su tiempo y su dinero. Por ello, el gobernante no debe ser amenazado por ningún tipo de personas o agrupaciones, sean éstas integrantes de grupos empresariales (Cacif), militares (Ejército), organizaciones obreras (sindicatos), organizaciones no gubernamentales (ONG), grupos religiosos (cristianos, católicos, evangélicos, mahometanos, etcétera), grupos raciales (blancos, indígenas, ladinos o de color), o bien, por los gobernantes de otros países, no importando si son del América del Norte o del Sur, de Europa, de Medio Oriente, del África o del Asia. Nuestra obligación ciudadana es brindar el apoyo que podamos a las nuevas autoridades, para que puedan desarrollar sus programas. Si están equivocadas o no, vivirán las consecuencias en las siguientes elecciones; así funciona el sistema democrático.
Es sumamente importante que el nuevo gobierno tome el liderazgo, para que toda la ciudadanía se sienta compelida a cooperar. El pueblo debe sentir que las leyes se cumplen: que si hay crimen, hay castigo; que si hay esfuerzo de trabajo, hay una compensación correspondiente; que si hay éxito, éste sea reconocido; que se respete la posesión de bienes legalmente obtenidos; que la población sienta, como lo decían en su campaña el ingeniero Álvaro Colom y el doctor Rafael Espada, que hay esperanza, pero para ello debe haber cambios de actitud y de acción, metas claras en las diferentes actividades, para que sepamos qué podemos esperar y qué podemos y nos pueden exigir posteriormente.
El Gobierno está arrancando como se espera que lo hagan los buenos gobernantes, escuchando, pero tomando él la decisión final. El pueblo admira a los que, teniendo y exponiendo sus objetivos planteados previamente en ley, toman las decisiones para llegar a ellos, aunque a veces éstas, de momento, no gusten.
Se perfilan problemas en muchos campos, los cuales deben ser catalogados, priorizados y publicados, con sus soluciones. Las personas queremos tener una buena calidad de vida, no sólo para nuestra familia, sino para toda la población.
El gobierno pasado ha entregado a la UNE un país en mucho mejor situación que cuando lo recibió, y este factor debe ser bien aprovechado. Debe ser uno de sus objetivos el que, en cuatro años, el próximo gobierno encuentre un país en mejor situación, en todos los campos y ámbitos de la vida.
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