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Guatemala, 27 de febrero de 2008

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Por María del Rosario Molina

Mi amiga Berta entró en mi casa como un tornado, blandiendo un periódico con la mano izquierda, pues es zurda igual que yo, cual si fuera la Colada o la Tizona (las espadas del Cid).

-¿Ya leíste esto? –me preguntó. Era la propuesta de abolir la pena de muerte que hacía un personaje (no un conocido personaje, porque si es personaje es conocido) basándose en uno de los mandamientos de la ley mosaica: “No matarás”. Le respondí que no, que me contara ella si había otras razones -aparte del mandamiento, demasiado general, ya que no aclara si se puede matar animales para comer y si es en verdad válido hacerlo en defensa propia o hay que dejarse sacrificar como un cordero- en que estuviera fundamentada la propuesta del dicho señor. –Pues- me contestó en su idiolecto-, dice que matar a los criminales no es un “disuasor”, porque petatear (morir) les vale (no les importa) y que nadie tiene derecho de quitarle la vida a ninguna persona, así sea un asesino. Yo creo más bien- agregó- que a esos “debería de” aplicárseles la ley del Talión: ojo por ojo y diente por diente, pero los jueces son “aguacates” (flojos, débiles) y ni han entrado los delincuentes al “gran pavo” (la cárcel), cuando ya salen por falta de pruebas, aunque cualquier víbora, sea una cascabel o un cantil, es más inofensiva que ellos.

La interrumpí, no por contradecirla, sino para corregirla. -No se dice “disuasor” – le expliqué, sino disuasivo o disuasorio. Tú crees que “debería”, no “debería de”, aplicárseles la ley del Talión, pues “deber” implica obligación y “deber de”, suposición. Y los jueces no son débiles, pero si no les presentan suficientes pruebas, pues la mayoría de los criminales cometen los delitos a mansalva, con premeditación, nocturnidad y alevosía, no pueden correrse el riesgo de condenar a inocentes. Por otra parte, las cascabeles, cantiles y demás culebras, o serpientes, venenosas no son víboras, excepto como mexicanismo. Las víboras solo habitan en Europa y parte del África.

Berta estaba furiosa. –Tú- me dijo-, dejarías que todas esas fieras anduvieran sueltas. Le aseguré que de ningún modo, que estoy a favor de la pena de muerte en ciertos casos, cuando se trata precisamente de fieras, no porque crea que sea disuasiva ni mucho menos por un afán de venganza de los grupos y familias lastimados, sino para evitar que los asesinos salgan en cualquier momento de la cárcel, ya sea porque escapen o porque les conmuten las penas, a volver a hacer lo mismo. –Es- le dije- cuestión de supervivencia. A las serpientes venenosas y a los animales con rabia o los matas o te matan. Y en cuanto al mandamiento bien podría rezar: “No matarás, excepto cuando sea indispensable para comer bovinos, aves y mariscos, y para defenderte”.

Aviso: La presentación de mi libro se hará el próximo 3 de marzo. Ya está a la venta en Sophos, Artemis Edinter y en Editorial C & M, Avenida Reforma 1-64, zona 9, oficina 106.

selene1955@yahoo.com

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