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Guatemala, 27 de julio de 2008

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Tramos en la red vial, a punto de colapsar 

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“Cubrimos un hoyo y destapamos otro” 

Jorge Mario González, presidente del Colegio de Ingenieros, destaca que, según los informes de esa institución, no es el 20, sino el 40 por ciento de la red vial el que se encuentra en pésimo estado.

González recomendó al Gobierno que priorice los gastos, para mejorar la red vial, ya que gran parte del presupuesto se destinó a Cohesión Social.

“Estamos conscientes de que la gente pobre necesita ayuda, pero no es adecuada la forma tan discrecional con que se maneja, porque tapamos un hoyo y destapamos otro”, se queja González. El ingeniero refirió que las carreteras del país están en malas condiciones debido a la mala supervisión, porque se dan algunos casos en donde utilizan material de baja calidad y se comete el error de renovar el asfalto y no hacer cuneta.

“Las carreteras nuevas no deberían tener baches, y muchas de ellas los tienen”, afirma González.

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La ampliación a cuatro carriles del tramo frente al aeropuerto Mundo Maya estará lista en seis meses.

Por marcela Fernández y corresponsales

En el 2003, el 14 por ciento de la red vial estaba en malas condiciones y no se tomaron acciones para solventar el problema. La consecuencia no se hizo esperar, y este año informes oficiales dan cuenta de que el 20 por ciento de los tramos carreteros están al borde del colapso, mientras que un porcentaje similar o mayor está en problemas, por derrumbes e inundaciones.

Los conductores, viajantes, pilotos y empresas importadoras y exportadoras son las más afectadas, eso sin tomar en cuenta que la falta de infraestructura vial adecuada pone a Guatemala en desventaja competitiva con el resto de países de la región, asegura un informe de la Cámara de la Construcción.

Según datos del Fondo de Conservación Vial (Covial), el 20 por ciento que está dañado equivale a aproximadamente tres mil kilómetros de carreteras en distintos departamentos del país, entre ellos, Chiquimula, Zacapa, Alta Verapaz, Escuintla, Huehuetenango, San Marcos, Baja Verapaz, El Progreso, Santa Rosa y Jalapa.

Razones de peso

Las razones por las cuales las carreteras están en mal estado, aparte de las ya señaladas, es que algunos tramos fueron construidos hace más de 15 años y ya terminaron su vida útil.

Armando Escribá, director de Covial, explica que muchas vías ya han caducado. Lo ideal, según expertos consultados, es que se construyan de nuevo; sin embargo, por falta de presupuesto, lo que se hace es que se les da mantenimiento, que consiste casi exclusivamente en recapeo y tapar hoyos. Escribá está de acuerdo: “Lo mejor es rehabilitarlas, pero pesaría bastante en el presupuesto del Estado”, afirma.

También hay que tomar en cuenta que muchos de estos tramos son responsabilidad de las alcaldías, las cuales en algunos casos los han abandonado por falta de ingresos.

Otro de los peores enemigos de las carreteras es la lluvia, que se va filtrando en el asfalto hasta que lo destruye o socava. En algunos casos la poca compactación y mala calidad de los materiales utilizados en la construcción de vías es la causa de los estragos. Escribá asegura que, por el cambio climático, los inviernos son más copiosos y el agua satura las vías.

Otro de los factores naturales que afectan a las carreteras es la topografía montañosa del país, la cual las vuelve propensas a sufrir daños por deslaves. “Solo en este año hemos cuantificado más de mil derrumbes”, informa García.

El incremento del parque vehicular y el paso de tráileres con peso excesivo destruyen las vías. Según datos del Ministerio de Comunicaciones, el parque vehicular se ha cuadruplicado en los últimos 20 años y, de acuerdo con informes de la Superintendencia de Administración Tributaria, superó las 1.5 millones de unidades en el 2007, sobre todo en la capital.

Poca coordinación

Wilfredo García, viceministro de Infraestructura, explica que la red vial de Guatemala consta de más de 25 mil kilómetros, de los cuales solo 15 mil son responsabilidad del Ministerio de Comunicaciones.

El resto, unos 10 mil kilómetros, es responsabilidad de las municipalidades, el Fondo Nacional para la Paz (Fonapaz), el Fondo de Inversión Social (FIS) y la Secretaría de Coordinación Ejecutiva de la Presidencia.

Byron Paiz, director de Caminos, asegura que en su mayoría estos tramos son los que están en peor estado. Una de las razones es la falta de coordinación de las autoridades, y el poco trabajo en equipo.

Durante la gestión anterior, Fonapaz construyó por lo menos 370 kilómetros de carreteras. Este año esa institución dejará de hacer tramos millonarios, porque considera que es responsabilidad de Caminos y no de ellos, que, según aseguran, se dedicarán solo a abrir brechas para el desarrollo del área rural.

Pero no todo es negativo, porque los últimos gobiernos han hecho esfuerzos por renovar las principales rutas del país, como el Triángulo Ixil, el tramo de El Rancho a Petén, la ampliación a cuatro carriles de Tecpán a Los Encuentros, la rehabilitación del tramo de Palín a Cocales, y la ampliación de la autopista a San Lucas Sacatepéquez.

A pesar de esto, todavía existen cientos de kilómetros intransitables a los cuales se les presta escasa atención e insuficiente mantenimiento.

Tramos en mal estado

Durante un sondeo con usuarios y transportistas de las principales rutas —quienes en algunos casos pidieron no ser citados por sus nombres— se constató que numerosos tramos permanecen en estado deplorable y ocasionan daños a los vehículos, crece el riesgo de accidentes de tránsito y los pasajeros tardan más para llegar a sus destinos.

“La ruta de Tecpán a Los Encuentros está malísima, y luego tenemos que aguantar 150 túmulos que solo nos retrasan y descomponen el bus”, se queja un piloto que conduce todos los días hacia Quiché.

Otro conductor del occidente protesta por la misma ruta y aduce que hay demasiados derrumbes y agujeros. “Antes hacíamos cinco horas para San Marcos, pero así como está el camino, ahora hacemos entre siete y ocho horas de viaje”, enfatiza.

Los choferes que van a la Costa Sur coinciden en que por Nueva Concepción y Cocales la carretera está llena de baches. “Los buses se tambalean, y en repetidas ocasiones los pasajeros se han lastimado”, cuenta uno de los pilotos.

Un transportista que conduce hacia Tiquisate comenta que en el cruce de Palín “no hay hoyos, sino que barrancos”. Entre Barberena y Cuilapa, de la ruta a Chiquimulilla, también reportaron cuantiosos agujeros y derrumbes. “Aquí se me quiebran los resortes del bus”, se queja el conductor.

Otro de los tramos que están en pésimas condiciones, según ayudantes de una línea de transporte extraurbano, es el de Santa Rosa a El Semillero. “Está tremendo; los carros se destrozan, y cuando llueve no se puede ni pasar”, refiere un chofer.

Los usuarios que viajan a Esquipulas comentan que no han visto ni personal ni maquinaria trabajando en el bacheo de la carretera.

“El camino es peligroso, e incluso niños aldeanos nos previenen de accidentes y juegan a señalizar”, asevera el piloto de las rutas orientales.

En el área de Cobán, los transportistas señalan que, aunque la autopista se encuentra en buenas condiciones, se reportan varios derrumbes que retrasan la hora de llegada.

Por otro lado, los usuarios de Fuentes del Norte, que se dirigen a Petén, indican que de El Rancho a Flores la carretera está muy bien, pero de Aguas Calientes a El Rancho las condiciones del camino son nefastas.

“Es lamentable, porque el pasaje ha disminuido; la gente no quiere viajar, por temor a un accidente”, comenta un piloto cobanero.

En la ruta del Polochic, Alta Verapaz, se observa un fenómeno curioso, ya que muchos infantes han decidido rellenar baches en vez de asistir a la escuela. “Los pilotos nos pagan por tapar los hoyos, y lo hacemos para ayudar a nuestras familias y para que los autos puedan pasar más rápido”, explica Álex Caal Quej.

Testimonios como los anteriores se escuchan por todas partes, pues en Guatemala nadie está contento con el estado de las carreteras, incluso de la capital, y piden al Gobierno que solvente de una vez por todas este problema, que no solo pone en peligro la seguridad de los ciudadanos, sino que también afecta la imagen exterior del país.

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