Guatemala, 8 de marzo de 2008
A toda persona le llega el momento de hacer un alto, de detener la marcha, de frenar el ímpetu de la parafernalia mercadotécnica que parece arrastrarnos hacia el consumo irrefrenable para ser felices.
Los días de descanso de la Semana Santa generalmente se asocian con playa, piscina, hamaca placentera, coco frío y hielera bien surtida, una expectativa totalmente válida, merecida si se ha trabajado con entusiasmo durante el primer tercio del año; sin embargo, puede ser que ahora el hambre y sed interiores van más allá de las margaritas, los ceviches y el pescado a la plancha junto a las olas.
Quizá (y tan sólo quizá) sea momento de disponerse a ponerle atención al propio espíritu.
Estas sólo son algunas claves, en tono de sugerencia, para revivir el primigenio significado de la época.
No se trata de caer en el conservadurismo o de volverse “cachureco”, sino simplemente de comprender que somos cuerpo, mente y… alma.

16:06 | 28/02/2008
¿Qué mejor forma de ayudar que celebrando con los amigos? A beneficiencia de la Asociación de Jóvenes Amigos del Lago de Atitlán se llevó a cabo una fiesta sobre el agua: un total éxito. Los Brújulos que asistieron se encargaron de hacer de esta una parranda inolvidable y la prolongaron hasta el amanecer
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