Guatemala, 10 de marzo de 2008
Desde Ginebra
Por Eduardo Sperisen-Yurt
Opinión
Del 6 al 16 de marzo de este año se está llevando a cabo el Salón Internacional del Automóvil en Ginebra, Suiza.
Este evento, de gran relevancia a escala mundial, se inició en 1905 y, junto a las exhibiciones de Detroit, Estados Unidos y Fráncfort, Alemania, representa para los fabricantes de las marcas de automóviles más prestigiosas del mundo la oportunidad de presentar al público, tanto los modelos de sus vehículos producidos en la actualidad como los denominados “autos de concepto” (Concept cars), que son los prototipos que podrían servir de base para la producción de vehículos en el futuro.
Si escribo unas líneas sobre el Salón del Automóvil de Ginebra es porque me parece interesante resaltar el hecho de que, junto a los vehículos de lujo y de gran tamaño aparecen, de manera contrastante, los vehículos pequeños y que, paradójicamente, son los que más llaman la atención del público.
De los vehículos en exhibición hay al menos unos 30 que tienen la clasificación de “los menos contaminantes” del planeta. Esta clasificación se ha convertido en un elemento, no solo de promoción comercial sino, además, una cuestión sumamente apreciada en estos días por los consumidores, sobre todo en el mercado europeo.
Entre los menos contaminantes se encuentra una gran variedad de vehículos y prototipos que utilizan energías alternativas para la locomoción, tales como los biocombustibles, energía eléctrica a través de baterías, la energía híbrida, el gas natural y el hidrógeno.
Asimismo, es interesante observar que, entre las preguntas frecuentes del público, además del tipo de motor, la potencia y el consumo de combustibles también se cuestiona sobre la cantidad de gramos de C02 que emiten por kilómetro recorrido.
Lo anterior me hace pensar que es evidente que existe una mayor conciencia y preocupación por el medioambiente, aunque no estoy convencido de si se debe a la alerta mundial que existe sobre el fenómeno del cambio climático o, a una cuestión puramente económica del aumento de los precios del petróleo, que otra vez alcanzaron alzas récord en el transcurso de la semana pasada.
Lo cierto es que tanto fabricantes de automóviles como consumidores se preocupan cada vez más por reducir las emisiones y el consumo de combustibles fósiles.
Todo ello, visto desde una perspectiva más global, constituye parte de los esfuerzos que se llevan a cabo a nivel internacional en diversos foros, tales como las discusiones en el marco del Protocolo de Kyoto o las negociaciones sobre bienes y servicios ambientales en la OMC, por mencionar un par de ejemplos.
Ahora bien, es importante tener presente que apenas estamos en el inicio de un proceso de mitigación de los efectos negativos del cambio climático y que, los esfuerzos encaminados a mejorar el ambiente solamente están en la fase de “discusión” y “planificación”.
Por ello, mientras tanto, es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros contribuir con pequeñas acciones que cambien nuestros hábitos para ahorrar agua, energía eléctrica, así como el consumo de combustibles fósiles.
El medioambiente es responsabilidad de todos y nuestro compromiso con las generaciones futuras.
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