Guatemala, 10 de marzo de 2008
Justicia Felipe Cusanero es el primer militar en ser acusado por este delito
Las comunidades de San Martín Jilotepeque fueron brutalmente golpeadas por el Ejército durante el conflicto armado; muchos restos de las víctimas siguen sin aparecer.
Cuatro años y medio de lucha jurídica:
• El 9 de junio del 2003, los familiares de los desaparecidos presentaron una querella contra Felipe Cusanero, a la que se unió Famdegua en el 2004.
• El 5 de abril del 2005, Cusanero rindió su primera declaración.
• En mayo del 2006, el Ministerio Público presentó la acusación contra Cusanero.
• Se remitió el expediente al Tribunal de Sentencia y se programó la apertura a juicio para el 16 de mayo del 2006.
• La defensa del acusado presentó un recurso de inconstitucionalidad porque el delito de desaparición forzada se tipificó hasta 1996.
• El 10 de agosto del 2006 se suspendió el debate hasta que resolviera la CC.
• El 20 de junio, la CC declaró improcedente el recurso.
• El Tribunal de Sentencia de Chimaltenango fijó el primer debate oral para el 10 de marzo del 2008.
“Un familiar de desaparecido, como yo, como tantos miles, mantiene la herida abierta durante años, debido a la incertidumbre”, relató Aura Elena Farfán, quien perdió a su hermano en la década de 1980. “Lamentablemente, aunque nuestra mente nos dice que están muertos, nuestro inconsciente nunca pierde la esperanza de que vuelvan a aparecer por la puerta, por la misma que se los llevaron”, expresó. “Esa imagen se queda grabada; por eso los testigos recuerdan con tanto detalle el día del secuestro”, relató. “Mi madre, a veces, cuando cocina las comidas que le gustaban a mi hermano, aún aparta un poco, como cuando vivía”, confesó entre lágrimas. “Sigue guardando su ropa; todavía deja la luz del patio encendida por la noche, para que si su hijo regresa encuentre el camino. Durante muchos años, cuando hacía frío, yo pensaba si él estaría pasando frío. La desaparición forzada es una de las prácticas más aberrantes, es un vacío y un dolor inmenso el que sentimos los familiares, pero lamentablemente nuestras autoridades nunca lo han entendido, no lo han sentido”.
De acuerdo con Francisco Palomo, abogado que ha defendido a militares como Efraín Ríos Montt, si el delito no existía cuando se cometió, no debería ser juzgado. Asimismo, habría que establecer si el comisionado militar siguió órdenes superiores o no. “Yo no creo mucho en lo de las órdenes superiores, pues cualquiera puede negarse a seguir una orden; además eso es muy difícil de demostrar”, explicó. “En el marco del conflicto armado muchas personas actuaron por sí solas, igual que actuaron solos los policías que asesinaron a los parlamentarios salvadoreños. Yo no recuerdo que nadie citara por eso al presidente”, añadió.
Según Palomo, lo que debió hacer la defensa es recurrir a la Ley de Reconciliación Nacional, para evitar el juicio.
Por lorena seijo
Hace cuatro años y medio, la comunidad de Choatalum, Chimaltenango, decidió, en asamblea, presentar una querella contra el ex comisionado militar Felipe Cusanero, supuesto responsable de por lo menos seis desapariciones forzadas. Después de una tortuosa lucha jurídica, para hoy está programado el primer debate público del caso.
El delito de desaparición forzada es uno de los más traumáticos para los familiares de las víctima, ya que al no aparecer el cuerpo de su ser querido es como si el crimen se repitiera, una y otra vez, a lo largo de los años.
Precisamente por esto el sistema jurídico internacional estableció que la desaparición forzada no prescribe, sino que se prolonga en el tiempo. Por ello ninguna amnistía otorgada a criminales de guerra, en ningún país del mundo, abarca este delito.
Los familiares de los seis vecinos de la comunidad de Choatalum, enmarcada en el municipio de San Martín Jilotepeque, se cansaron de suplicarle a Felipe Cusanero, ex comisionado militar de la zona y actual alcalde auxiliar de la aldea, que les dijera dónde se encontraban los cuerpos de sus víctimas (Lorenzo Ávila, Alejo Culajay, Filomena López, Encarnación López, Santiago Sutuj y Mario Augusto Tay).
Ninguna de las exhumaciones que se llevaron a cabo en el departamento de Chimaltenango logró dar con los cuerpos de los campesinos, que cometieron el pecado de asociarse en cooperativas para mejorar su nivel de vida. Según Aura Elena Farfán, de la asociación Familiares de Detenidos Desaparecidos de Guatemala (Famdegua), la razón podría ser que los mismos victimarios movieron los cadáveres antes de empezar las excavaciones.
Las seis desapariciones se produjeron entre 1982 y 1984, los años más crudos del conflicto armado interno, durante los cuales el Ejército puso en práctica su política de tierra arrasada.
En el 2003, las familias de los seis desaparecidos se armaron de valor, obviaron las amenazas de muerte y presentaron una querella contra Cusanero, a la que también se sumaría Famdegua, en el 2004.
La defensa presentó un recurso de inconstitucionalidad, basándose en que el delito no fue tipificado en el Código Penal hasta 1996 (artículo 201), 12 años después de haber sido cometido, pero la Corte de Constitucionalidad (CC) no le dio la razón.
Esta resolución abrió la puerta y sentó precedente legal para que el resto de los familiares de los 45 mil desaparecidos puedan presentar su caso en los tribunales.
A pesar de que la batalla legal ha durado más de cuatro años, hoy se llevará a cabo la primera audiencia del juicio. A pesar de ser un delito de lesa humanidad y que los testigos han recibido múltiples amenazas de muerte, Cusanero goza de libertad, bajo la poco practicada figura de arresto domiciliario.
Como prueba fundamental de la acusación se presentarán los relatos de los testigos que vieron cómo Cusanero detuvo y condujo a los seis desaparecidos al destacamento militar, y cómo desde ese momento no se volvió a saber nada más de ellos.
Según Farfán, cuando Cusanero se llevó de sus casas a las víctimas, los familiares lo persiguieron, escondidos entre el monte, y pudieron ver cómo los ingresaban en el destacamento militar.
Según Farfán, esta causa podría resarcir moralmente las 45 mil desapariciones forzadas que sucedieron en el país. “Aunque no se trate de un familiar, la justicia nos ayuda a todos”, dijo.
“Yo misma fui con Humberto Mejía Víctores (ex presidente) a pedirle que me dijera dónde estaba mi hermano. Él me contestó que esto no era Chile, ni Argentina, que aquí el Ejército no había dejado ninguna prueba de sus actos y que nunca los íbamos a encontrar. Pero se equivocó, los familiares conseguimos las pruebas”, sentenció Farfán.
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