Guatemala, 10 de marzo de 2008
Proceso Condenado a muerte que solicitó indulto en el 2001 quizás sea primer caso en manos de Colom
“Primero Dios, y se me hará justicia”. Dimas Samayoa asegura que su caso lo deja en manos de Dios, pues Él tiene la última palabra; inclusive, asegura que lo puede rescatar en el momento de estar en el módulo letal.
condenados a la pena de muerte por secuestros y asesinatos
reos tienen la posibilidad de solicitar el indulto.
condenados tienen recursos pendientes de resolver.
años tienen los tribunales de no dictar penas de muerte.
Estos son algunos hechos de las muertes atribuidas a Dimas Samayoa.
• Dimas Samayoa y otros tres hombres son acusados de ser los responsables de la masacre de una familia en 1996.
• El hecho ocurrió el 4 de febrero de ese año, en la aldea El Adelanto, Jutiapa, cuando supuestamente los sindicados, con armas de fuego, mataron a Antonio Revolorio Corado, a Rafael Zúñiga Florián, a Francisco Revolorio Grijalva, a Glenda Samayoa Corado y a Elena Corado López, e hirió a Orbelino Barrera Pérez, a Mynor Delami Revolorio y a Carlos Abel Barrera Revolorio.
• Un día después fueron detenidos Joel Trigueros Salguero, supuesto jefe de la banda; Lucas Revolorio Samayoa; Israel Corado Corado, y Samayoa.
• Pocos días después de la captura, fue encontrado en el interior del Centro Preventivo de la Zona 18 el cuerpo de Trigueros, por supuesto envenenamiento.
• Corado se fugó del Centro Preventivo de la Zona 18, a finales de febrero de 1998. Posteriormente, sujetos lo acribillaron y su cadáver apareció en la aldea El Trapiche, Jutiapa, el 2 de marzo.
• En 1999, Samayoa y Revolorio fueron sentenciados por asesinato, homicidio, lesiones graves y portación ilegal de armas ofensivas.
• En el 2001 solicitó el indulto, pero no se resolvió, debido a que Alfonso Portillo dejó en suspenso ese recurso.
El Congreso de la República le devolvió al presidente la potestad de otorgar el indulto a los condenados a muerte, que estaba en suspenso desde el 2000, pero será hasta el 13 de marzo próximo cuando se sepa si Álvaro Colom decide vetarlo.
Si es así, regresará al Congreso, y los legisladores pueden intentar obtener los 105 votos para rechazar el veto del presidente y publicar el decreto.
Roxana Baldetti, diputada del Partido Patriota, señala que si el presidente veta el decreto, ellos ya no buscarán los votos en el Congreso, pues no saben si tendrán el apoyo de todas las bancadas.
“Quisimos darle vida nuevamente a algo que está en ley; en campaña ofrecimos que una de nuestras prioridades era el tema de seguridad, y consideramos que esto puede ser un disuasivo para los criminales, para mostrarles lo que les puede pasar si siguen delinquiendo”, aseguró Baldetti.
“Le suplicaría de corazón, y si él tuviera desconfianza, tengo pruebas... Yo lo llevo a la aldea —a Álvaro Colom—, aunque me cuiden con cadenas”.
Dimas Samayoa García,
Reo condenado a muerte.
Por cORALIA orantes y jUAN CARLOS ramírez
Dimas Samayoa García lleva a cuestas, desde hace nueve años, una condena a pena de muerte. Su caso quizás sea el primero en ser analizado, de reanudarse ese castigo en el país y dependiendo de la decisión que el presidente Álvaro Colom tome en torno al indulto, en los próximos días.
Dimas Samayoa ha vivido desde el 2001 en el limbo, sin tener la certeza de cuánto tiempo le queda, si sus días terminarán con la inyección letal o si el presidente de turno tendrá en sus manos la decisión de perdonarle la vida.
En 1999, fue sentenciado a la pena de muerte por asesinato, homicidio, lesiones graves y portación ilegal de armas ofensivas. En el 2001, solicitó el indulto, que nunca se resolvió, pues Alfonso Portillo dejó en suspenso ese recurso.
Pero desde el 12 de febrero recién pasado, cuando el Congreso aprobó el decreto 06-2008, con lo que dejó en manos del presidente la facultad de conocer el indulto para los condenados a muerte, aquella incertidumbre ha vuelto.
Aunque fuentes cercanas al Ejecutivo confirman que Colom se inclinará por rechazar el decreto 06-2008, el mandatario no ha hecho aún el anuncio oficial.
Irónicamente, este hombre cree que la pena de muerte es justa y que debe aplicarse a los criminales, pero asegura que él no es uno de ellos. Luego de 12 años de prisión, se declara inocente.
Samayoa fue capturado el 5 de febrero de 1996, en su vivienda, ubicada en El Adelanto, Jutiapa —junto a Lucas Revolorio Samayoa, Israel Corado y Corado y Joel Trigueros Salguero, su suegro—, sindicado de pertenecer a la banda criminal Los Guanacos, de la cual, según las autoridades, Trigueros era el jefe.
El Ministerio Público expuso en las diferentes audiencias que Los Guanacos eran sinónimo de terror, por la crueldad con la que ultimaban a sus víctimas, que pudieron ser hasta 30.
El viernes 19 de febrero de 1999, el Tribunal de Sentencia de Jutiapa condenó a la pena capital a Samayoa García y a Revolorio Samayoa, sentencia que fue confirmada por un tribunal de Jalapa, el 23 de noviembre de ese mismo año. Desde entonces, no sabe si está más cerca de la ejecución o del perdón.
Desde hace ocho meses, está preso en el Sector 1 —de máxima seguridad— del Centro Preventivo de la Zona 18. Mide 1.65 metros, de tez morena y ojos negros. Tiene conversación fluida y no ha perdido el acento de oriente.
Nació el 6 de abril de 1974, en El Adelanto, Jutiapa. Es católico. No estudió más allá del primer grado de primaria y, por ello, cuenta, la única forma de ganarse la vida era trabajando como albañil, campesino o guardia de seguridad en la capital. Siempre usa una gorra, y aún conserva varios tatuajes en el brazo izquierdo.
Ha pasado por cuatro cárceles, y en todas ha sido reclutado para jugar como defensa en los equipos de futbol.
De una de esas prisiones —El Infiernito— se fugó, el 17 de junio del 2001, y una semana después, fue recapturado. Asegura que no fue uno de los organizadores, sino que simplemente vio la puerta abierta, y salió.
“Ese día, pasó abierta la puerta como 30 minutos; vi la oportunidad, y me fui en medio del relajo y de la balacera”, recuerda.
Por ese impulso, deberá enfrentar, además, un proceso por evasión, que podría aumentar su condena en 15 años más.
Samayoa cuenta que el 4 de febrero de 1996 ya estaba acostado en su cama, cuando Joel Trigueros, su suegro, tocó con insistencia la puerta de su casa, a eso de las 11 de la noche, para pedirle posada.
“Es tu papá”, le dije a mi esposa. Él —Trigueros— llegó con Lucas, y se quedaron en otro cuarto. Yo no vi cuando entraron con las armas. No le podía negar posada, pero de haber sabido que lo buscaban, no lo hubiera dejado entrar”, asegura.
Horas antes, Trigueros había atacado a balazos a ocho personas. En la madrugada del día siguiente, fue detenido en su casa por las fuerzas de seguridad.
“Mi error fue haberle dado posada al viejo”, se queja, y explica que los familiares de las víctimas lo acusaron sólo por ser el yerno de Trigueros.
“Yo sé que es doloroso que le maten un familiar a uno, pero también a mí me duele estar preso injustamente”, expresa, al ser cuestionado acerca de lo que le diría a los familiares de las víctimas.
En su calidad de condenado a muerte, considera que la pena capital sí se debería aplicar a quienes han asesinado, como a su suegro, a quien califica de “hombre malo”.
No comparte la idea de que las condenas a muerte persuadan o terminen con la maldad. Está seguro de que, aunque a ellos les apliquen la inyección letal, en la calles seguirán las muertes violentas.
“Yo le pido a Dios que no se lleve a cabo. Les juro que yo no tengo nada qué ver con lo que me acusaron”, afirma.
Apenas meses después de iniciado el proceso, la relación con su esposa terminó. Por aquellos días murió su madre, y su padre ha tenido que hacerse cargo solo de sacar adelante a dos hermanas menores.
“Mi papá ha tenido que buscar trabajo en todos lados para mantener la casa”, se lamenta.
Su defensa está en manos de los abogados de la Defensa Pública, y en los próximos días podrían presentar un recurso de revisión en la Corte Suprema de Justicia, con el que se pretende que se revise su caso y se reduzca la condena.
Otro de los recursos es llevar su caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para que se dicten medidas cautelares a favor de Samayoa, y con ello desaparecer la pena capital contra él.
Nidya Corzantes, de la defensa pública, manifiesta que para los condenados a pena de muerte nunca acaban los recursos, pues incluso el día de la ejecución pueden solicitarse.
En prisión, Dimas añora aquellos días en los que trabajaba en el campo y ordeñaba vacas en El Adelanto, aunque sabe que difícilmente volverá a disfrutar de esas actividades.
Si él pudiera tener un minuto frente al presidente, lo aprovecharía para declararse inocente. “Le suplicaría de corazón, y si él tuviera desconfianza, tengo pruebas... Yo lo llevo a la aldea, aunque me cuiden con cadenas”.
Indica que en manos de su abogada deja la lucha jurídica para evitar la inyección letal, y que, como San Dimas, él dice: “Para morir hemos nacido, pero Dios hace milagros. En la camilla me pueden tener, pero si Él decide que no es mi hora, no me van a matar”.
Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos
© Copyright 2007 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio