Guatemala, 27 de marzo de 2008
Opine acerca del cabildeo de la primera dama para que el Congreso amplíe el presupuesto del Consejo de Cohesión Social que ella dirige.
[ participe ]

PERSISTENCIAIntelicidioMargarita Carrera

INDEPENDENCIAParticipación ciudadana (I)Juan Callejas Vargas

IDEASCaro petróleoJorge Jacobs A.

ALEPHMatar a MaquiaveloCarolina Escobar Sarti

COLABORACIÓNLa fiesta de ResurrecciónFrank La Rue Lewy

PERSPECTIVASRenzo Lautaro RosalPlanes, metas e ilusiones
Fijar planes de cortoplazo
en el inicio de un nuevo gobierno tiene diversas lecturas. Debe entenderse como una forma rápida de presentar resultados y, con ello, de hacer ver a la ciudadanía que las pretensiones electorales se hacen realidad. Sin embargo, las metas también pueden ser una “camisa de fuerza innecesaria”, ya que no corresponden con ningún mandato legal.
El Plan de los Cien Días es una suerte de prueba de fuego. Preocupan entonces las primeras declaraciones de funcionarios de gobierno en el sentido de que varias de las metas no podrán ser cumplidas o se harán parcialmente. Más significativas son las posibles razones de este incumplimiento. Tal parece que las metas establecidas en dicho plan se hicieron sin considerar las variables primarias que en toda fijación de resultados son fundamentales: medir los elementos —determinantes— que pueden favorecer u obstaculizar el cumplimiento de lo prometido.
Fijar metas es una espada de Damocles. Su manejo dependerá de las condiciones existentes, del manejo de escenarios, del conocimiento del medio, de la experiencia de quienes les corresponde operar las acciones para cumplir con lo prometido. Todo esto se quedó en el tintero. Es contraproducente para el propio gobierno justificar por qué no se pudo cumplir con lo previsto. Pueden darse niveles de erosión innecesarios.
Ahora aparecen ante nosotros argumentos en el sentido de las limitantes financieras (deudas enormes dejadas por el gobierno anterior), desorden administrativo y, aunque con poco volumen, la inexperiencia de buena parte de los funcionarios de primer nivel. El primer factor tiene un peso significativo, pero debió medirse con base en datos primarios de lo gastado y comprometido en obras de infraestructura física. El segundo factor, si bien tiene una alta dosis de realidad, es predecible como ha sucedido en todos los cambios de gobierno. Esto tampoco es una excusa para la inmovilidad; más bien, es el ambiente en que se desarrolla la gestión pública en nuestros países. El tercer factor tiene un peso importante, en el sentido que las primeras declaraciones y acciones ponen al desnudo el nivel de desconocimiento que, en casi todos los ministerios y secretarías, tienen sus principales funcionarios a cargo. Hubiésemos esperado algo distinto.
Contar con planes y metas concretas representa un paso ambicioso, pero es más importante si se es realista y consistente con las apuestas planteadas. Sería más aconsejable fijar menos temas de agenda, en los cuales verdaderamente se puedan mostrar avances. De lo contrario, nos quedamos en todo y nada.
rlrosal@yahoo.es
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